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Facebook: una moda convertida en hábito

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Por María José Canto

Universidad Iberoamericana

Facebook es indiscutiblemente una de las redes sociales más populares del mundo. Con aproximadamente 2.3 billones de usuarios activos (Wall Street Journal, 2019), todos tenemos, conocemos o al menos hemos escuchado de alguien que tenga una cuenta en esta plataforma social. Ya sea para compartir fotos, intercambiar likes, volver a estar en contacto con tu expareja de secundaria o simplemente coleccionar memes. Facebook es la plataforma indicada para hacerlo.

[…] “Del total de internautas en México que acceden a redes sociales, 96% están inscritos a Facebook; además 93% acceden diariamente a esa red y 56% lo hacen a través de un teléfono inteligente o smarthphone. En cuanto al género de los usuarios, 55% de los usuarios de Facebook en México son mujeres y 45% hombres.” […], de acuerdo con el académico Octavio Islas.

Aunque las encuestas la posicionen como una de las redes sociales con mayor actividad, la realidad es, que no recibe la atención que solía hace unos años, al menos por parte de las generaciones más jóvenes. ¿Cuándo dejó de ser cool tener Facebook? Y ¿Por qué sigue posicionada tan alto en el ranking de popularidad?

Para dar respuesta a ambas preguntas hay que clarificar un par de cosas. La primera es preguntarnos ¿a dónde migraron los internautas más jóvenes?

Si bien Facebook ya no es tendencia dentro de los jóvenes surgen las preguntas: ¿cuál es la red social que atrapa la atención de aquellos que entran en la categoría de Millenials y Generación Z? La segunda ¿qué hace a Facebook distinta a otras redes? Se podría decir que Facebook es la red más antigua, en términos familiares podríamos nombrarla “el abuelo”. Sin embargo, prevalece la pregunta ¿cuáles son las características que necesita para ser parte de lo nuevo? Y por último ¿qué podemos concluir a partir de los resultados de todos estos puntos?

La primer pregunta la genera una revisión de las tablas de popularidad que se puede comprobar con sondeo visual en los smartphones de los jóvenes. Se podrá notar que las aplicaciones que destacan son YouTube, WhatsApp e Instagram, las cuales se perfilan como las plataformas más utilizadas del 2019 de acuerdo con reporte de Digital Information World, 2019 y la característica que comparten (excluyendo a WhatsApp, la cual podemos considerar más como una sala de chat) es la imagen.

No sólo la imagen fija sino la posibilidad de cómo se presenta esta imagen. Se puede mostrar una historia con un video, con un boomerang, con un filtro, hay múltiples posibilidades de decir algo.

No es que las redes sólo tomen en cuenta las imágenes sino qué se puede hacer con éstas. La forma en que estas plataformas han integrado distintos materiales audiovisuales en un formato sencillo, atrayente y altamente comunicable como ha sido el caso de Instagram:

[…] “Instagram actúa en planos diferentes: la facilidad de uso, la creatividad, la idea de una competencia artística (la transformación de la imagen a través de determinados efectos y filtros) además de un plano socio-psicológico: la dimensión comunitaria (los contenidos son el resultado de la interacción entre una comunidad de usuarios con papel activo en el proceso de creación y de comentario/compartición).” […] (MATTEI, 2015)

A diferencia de Facebook, la plataforma de Instagram se enfoca en la inmediatez, en la captura de instantes a través de fotos, stories o videos cortos (pero concisos), en los cuales no quepa duda sobre lo que sucede, dónde sucede y quién está involucrado; las palabras pasan a un segundo plano y la imagen se lleva el papel estelar.

Sin embargo, ambas plataformas pertenecen a Mark Zuckerberg, no comparten las mismas utilidades. El enfoque principal de Facebook es la conectividad; ya sea con amigos, familiares, empresas o noticieros, Facebook pretende conectar a sus usuarios por medio de la compartición en una extensa gama de temas diferentes.

Pero entonces, si este formato es anticuado, ¿por qué siguen existiendo tasas tan altas de actividad en Facebook? Después de todo, en el Siglo XXI, lleno de innovaciones tecnológicas, cualquier cosa percibida como obsoleta es condenada a perecer; por alguna razón Facebook está vivo y mejor que nunca. ¿Será que Facebook se ha convertido en un hábito?

No sería muy descabellado pensarlo. Así como lavarse los dientes o prepararse un café en la mañana, puede que el uso constante (e inclusive excesivo) de Facebook se ha normalizado tanto que ni siquiera nos percatamos de esta adicción. Tiene sentido ¿no? como una televisión encendida en la cocina “para que haga ruido” o la radio en el carro para sentirte acompañado, puede que Facebook sea el fantasma omnipresente del Siglo XXI.

Claro que, como con cualquier habito, la gente suele ignorar e incluso negar su existencia, por suerte la evidencia habla por sí sola. En una encuesta realizada a 500 alumnos en la Universidad Iberoamericana, (47% hombres y 52% mujeres), de distintas carreras y edades que oscilan de los 17 a los 25 años, se recopilaron los siguientes puntos para su posterior comparación:


A) El número de horas que pasan navegando en alguna de estas Redes Sociales (Instagram y Facebook). Señalando el nivel de influencia que tienen las redes sociales en la vida de los jóvenes universitarios.


B) Los momentos (y razones) en los que se conectan a estas plataformas. Ayudándonos a entender los motivos de sus conexiones y la causa de las altas tasas de actividad registrada.


C) Los efectos anímicos que producen las interacciones en ambas plataformas. Permitiéndonos identificar los factores que hacen a Facebook tan “cómodo” o bien, accesible. Así como brindándonos una pista sobre por qué la gente se empeña en seguir utilizándolo a pesar de existir plataformas más nuevas y dinámicas. E incluso quizá dándonos una predicción sobre el probable futuro de la plataforma basado en su historial (tanto pasado como reciente).

 

Como se esperaba, la mayoría de los encuestados admite estar conectado al menos tres horas diarias, demostrando la importancia que tienen tanto Facebook como Instagram en su vida cotidiana.

Los largos periodos de exposición sugieren que los sujetos utilizan estas redes sociales no solo de forma prolongada (posiblemente adictiva) sino que también lo han incorporado como parte de sus actividades habituales.

Según un estudio realizado por The Bureau of Labor Statistics, la persona promedio tarda alrededor de 30 minutos en terminar una comida. Multiplicando esto por las 3 comidas habituales nos da un total de 1 hora 30 minutos diarios que invertimos exclusivamente en esta actividad. Los resultados de nuestra encuesta registran el doble (sino es que más) de tiempo utilizado únicamente en redes sociales, lo cual sugiere que las actividades online ocupan un lugar prioritario en las rutinas diarias de los encuestados.

A pesar de que el tiempo de exposición no es continuo sino en intervalos, esta suposición mantiene su validez. Pues la dispersión del tiempo en pantalla no debilita el argumento central, al contrario, lo fortalece recalcando la necesidad de conectividad de los usuarios, quienes revisan continuamente su muro a lo largo del día.

Esto, a su vez, nos abre paso a la siguiente variable ¿cuándo es el mejor momento para revisar Facebook según los encuestados? y ¿qué tipo de información procuran en sus muros?
Como mencionaba al inicio, Facebook tiene más de una opción en cuanto a funcionalidad se refiere. Pues tanto el propósito de su creación como la meta final es conectar a personas que formen parte de su red.

Debido a la inmensidad de posibilidades, se hizo una serie de filtros delimitando los tipos principales de publicaciones realizadas y/o frecuentadas por nuestros encuestados. Resultando en las siguientes por orden de importancia:


– Revisar memes
– Stalkear otros perfiles (espiar)
– Publicar/compartir indirectas
– Publicar/compartir frases
– Nada (no hacer publicaciones ni compartir)
– Crear cuentas falsas
– Masturbarse

Lo mismo hicimos en el caso del tiempo:

 

La mayoría de los encuestados accede por una (o varias) de las siguientes razones y momentos del día: aburrimiento, ratos libres, para entretenerse, mantenerse informados y/o contactar amigos.


Según los resultados obtenidos en ambas tablas, tanto las razones como los momentos en que los usuarios utilizan Facebook con mayor frecuencia se basan en espontaneidad, sin consideración ni planeación alguna, (de ahí la variedad de temas por los cuales la gente revisa sus muros). Similar a un tic, estos breves intervalos de exposición a Facebook son casi en automático. Estamos tan acostumbrados a ello que pasan desapercibidos, disfrazados como acciones cotidianas que no ameritan nuestra atención.

No cuestionamos a los usuarios que están enfocados en su  pantalla ni nos extraña verlos revisando sus perfiles en Facebook aunque la red sea considerada aburrida u obsoleta. Los lapsos aleatorios dispersos a lo largo del día demuestran lo contrario; seguimos utilizando Facebook y lo hacemos frecuentemente; es de hecho, un acto tan normalizado que pasa desapercibido como cualquier otro gesto cotidiano, equiparable a saludar de beso o revisar la hora.

Por último, pese a las afirmaciones de los encuestados quienes califican a Facebook como irrelevante en sus vida y estados de ánimo, los resultados arrojados fueron los siguientes:

Ambas tablas muestran los estados de ánimo predominantes en los encuestados según los niveles de éxito que alcance una publicación (medidos por medio de reacciones, shares y likes). La primer tabla se enfoca en los sentimientos positivos (placer, orgullo, motivación o no me importa) mientras que la segunda mide a partir de una escala (muy de acuerdo, de acuerdo, ni en acuerdo/ni en desacuerdo, en desacuerdo y muy en desacuerdo) el nivel de impacto negativo que tiene una publicación no exitosa en el estado anímico del autor.


Según los resultados, las publicaciones con muchos likes disparan los centros de placer del usuario (consistente en los tres rangos de edad), mientras que la mayoría califica estar de acuerdo con la afirmación que una publicación fallida (con pocos likes) puede provocar un bajo estado de ánimo (principalmente en los jóvenes de 20 a 22 años).

Siguiendo la línea de evidencia arrojada por las variables anteriores, podemos concluir que pese a las declaraciones populares que afirman la irrelevancia de Facebook en la vida de los internautas, los resultados indican que en realidad estos sí tienen un efecto importante en su estado de ánimo o bien, contribuyen al mismo. Pero de nuevo, esto podría ser debido a que el uso de Facebook se ha transformado en un hábito; un comportamiento tan normalizado que pasa indetectado hasta por el más cuidadoso guardián.

Se quiera o no, Facebook es el Big Brother de nuestra era, presente en nuestras vidas aunque no lo notemos. Independientemente si es o no una moda, Facebook ocupa un lugar privilegiado en la sociedad contemporánea. Como en su momento fue la imprenta, la radio o la televisión, parece ser que las redes sociales son el nuevo medio de comunicación por excelencia y Facebook se encuentra en el centro de todo. Su versatilidad lo mantiene relevante ante los radares de una sociedad dedicada al continuo mejoramiento tecnológico; donde sobrevives solo si eres necesario y pereces por tu incapacidad de mejorar, siendo suplantado por un modelo más nuevo y equipado.


Facebook ha sabido evolucionar al cambio, a tal grado que hemos evolucionado con él. Decía Latour en su teoría de Actor-Red que:

“Incluso la forma de los humanos, de nuestro propio cuerpo, está en gran parte compuesta por negociaciones sociotécnicas y artefactos. Concebir de manera polar a humanidad y tecnología es desear una humanidad lejana: somos animales sociotécnicos y cada interacción humana es sociotécnica. Nunca estamos limitados a vínculos sociales”. (…) Como mínimo espero haberte convencido de que, si nuestro desafío va a ser atendido, no lo será considerando a los artefactos como cosas. Merecen algo mejor. Merecen ser alojados en nuestra cultura intelectual como actores sociales hechos y derechos. ¿Median nuestras acciones? No, ellos son nosotros.” (Latour)

El objetivo de este estudio es evidenciar aquello que afirmó Latour. La resolución a la que se llega, es que Facebook ha demostrado una y otra vez ser un espacio común al que se retorna con frecuencia y aunque se intenté huir, parece que no hay salida.

¿Será que lo necesitamos o ya es parte de nosotros? 

 

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