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Cuando nos delatan nuestros datos…


 En septiembre de 2016, se publicó la primera edición en español de: El interruptor principal: Auge y caída de los imperios de comunicación, un libro de la autoría del abogado y profesor estadounidense Tim Wu, preocupado, esencialmente por “el Ciclo”: oscilación de las industrias de la información entre lo abierto y lo cerrado porque en un mundo donde dependemos tanto de los artefactos tecnológicos y de la Red de redes, muchos focos de atención se remiten a quienes manejan nuestros datos, nuestros contenidos, tanto los que producimos, como los que consumimos.

A decir del autor, ya a finales de la primera década del siglo XXI, “una pandilla de conglomerados controlaba cómodamente el mundo del cine, el cable y la radiodifusión”, a excepción de Internet que en el 2010 figuraba como “una incipiente red universal para todo tipo de datos: llamadas telefónicas, video, televisión… Es decir, un remplazo potencial para cada una de las industrias de la información del siglo XX”. Sin embargo, a esta postura vale agregar que a la altura del 2019, no es tan preocupante un proceso de reemplazo, sino la migración de los media al ciberespacio, donde se concentra el poderío. Entonces vale reflexionar sobre la interrogante de Wu reflexionando en torno a la neutralidad de la red y su centralización: ¿Qué es más poderoso: el radicalismo de Internet o la inevitabilidad del Ciclo?

Por supuesto, el principio fundacional de Internet y uno de sus principales encantos iniciales fue la potenciación del sujeto como ente empoderado. Los discursos primigenios usaban el concepto de “neutralidad de la red”, pero varios años después ¿se mantienen los principios fundacionales? Primero, analicemos algunos ejemplos expuestos por el autor. Apple es una empresa de doble personalidad: se profesa como revolucionaria y a la vez está estrechamente aliada a los poderes más grandes en el rubro de la información, los conglomerados de entretenimiento; a pesar de su compromiso con la apertura de la red, Google mantiene la mayoría de sus operaciones y códigos secretos; la Apple de hoy, a diferencia de la de 1976, resguarda información técnica y administrativa…

Es alarmante este texto, pero aún es conservador. Más investigaciones y datos demuestran que ya no estamos en tiempos de preguntarnos qué es más poderoso: si el radicalismo de Internet o la inevitabilidad del Ciclo. En estos tiempos, Internet está centralizado, no cabe dudas y unos pocos tienen el control de casi todo. Wu no lo definió como tal, pero autores como el periodista e investigador Ignacio Ramonet son ya más radicales: “Con la centralización de Internet, la democracia digital, en la que se pudo creer en los albores, se ha revelado como una impostura y un engañabobos”. Facebook es supuestamente gratis, pero se nutre de la información que le proporcionamos y la subasta; los bots de Google leen nuestros correos electrónicos (Gmail) para definir qué publicidad ofrecernos… Estos datos incluyen bombas que nos estallan diariamente en la cara.

Somos seres predecibles (y si aplicamos un principio básico de la Informática: todo lo que se puede predecir, se puede programar). Baste pensar en las elección presidencial de Donald Trump en 2016 y el escándalo que involucró a Cambridge Analytica y a Facebook: estudiaron los perfiles psicosociales de millones de usuarios de esa red social, resultados con los cuales se prepararon y emitieron mensajes a los electores estadounidenses.

Las empresas privadas GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft), todas estadounidenses, acaparan la Red. Según el doctor en Ciencias de la Comunicación Martin Hilbert, conocido como el Gurú del Big Data, (2018) Facebook y Google ya controlan el 25% del mercado publicitario mundial, y el 75% de la publicidad en línea. Por su parte, el periodista y fundador de Wikileaks, Julian Assange considera que la verdadera revolución consiste en que toda esa información está en manos de empresas privadas, que pueden tener acuerdos con gobiernos, como lo tiene Google con el Departamento de Estado de los Estados Unidos, según su criterio, o como sucedió durante la campaña presidencial de Trump, que aunque no hubo un acuerdo directo entre Facebook y los políticos, sí se usaron los datos de los internautas para enrumbar los mensajes del candidato. Finalmente funcionó y aún duele.

El Internet es nuestro principal medio de operación, el medio común de nuestra vida nacional y nuestra economía, la neutralidad de la red es la versión del siglo XXI de la operación pública, diría Wu…. Cualquiera q sean los sistemas externos de control que se creen, no hay ningún sustituto para el autocontrol. Habrá que luchar contra las desubicaciones simbólicas, habrá que encriptar mensajes… Casi vivimos una historia orwelliana y la gente sigue asimilando con total naturalidad que Facebook los mande a agarrar un paraguas porque esta tarde lloverá.

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