photo5487640449964418991

Jalisco: nuestro hogar común está en llamas

  1. Cristóbal Álvarez Palomar - (@cristobal_ap_)

Tuve la fortuna de crecer llenándome de motivos para amar a Jalisco. Recorrí los cañaverales del Sur y los ranchos de Los Altos; y visité las aguas del pacífico y del mar chapálico. Conocer estos escenarios me enseñó a apreciarlos, comprenderlos y disfrutarlos; pero fue compartirlos con mis padres y otros familiares lo que me me llevó a amarlos. Para ellos, estos paisajes eran reminiscencia de un pasado más alegre, más pacífico, más armónico. Frecuentemente se compartían historias de los bosques, ríos, lagos y pastizales que, en algún momento, pasaron por un punto de esplendor. El recuerdo de una ciudad más amigable y amena seguía impreso en la memoria de todos. Y así, heredé –como muchos otros jaliscienses– una especie de nostalgia por un pasado que no me tocó vivir. 

El Jalisco en el que me tocó crecer era muy distinto al que vivieron mis papás –por no hablar de mis abuelos– y la generación que venga después se enfrentará a una realidad opuesta a la que hubo acá antes. Esos escenarios que en otro tiempo fueron profundamente entrañables, están ahora siendo ensuciados, destruidos, depredados. La contaminación de nuestros ríos y lagos, la devastación de nuestros bosques y la erosión de nuestros suelos son ahora el pan de cada día, a lo que se suma una crisis ambiental global que pone en jaque nuestras lluvias, la temperatura de nuestras comunidades y, en general, el equilibrio ecológico de Jalisco, nuestro hogar común. Por decirlo de otra forma, este llano nunca había estado tan en llamas como lo está ahora.

Me parece que a estas alturas seguir dedicando palabras a recapitular la catástrofe a la que nos enfrentamos tiene poco sentido. Hemos llegado al punto de que todos y todas las que habitamos el estado sufrimos directamente las consecuencias de una crisis ambiental que no se ha atendido con la urgencia que se merece. Respiramos el esmog tapatío y nos bañamos en las aguas sucias del lago y el mar. Vimos a La Primavera y al bosque del Nevado de Colima arder en fuego por días y hemos corrido a refugiarnos de las espectaculares granizadas que azotaron nuestras ciudades el último temporal de lluvias. La crisis está aquí y ahora.

Por décadas fuimos avisados de la delicada situación que atravesamos en la actualidad. Se nos advirtió en varias ocasiones de los peligros de seguir con un modelo económico y social que nos siguiera empujando hacia la debacle, pero nada cambió lo suficiente. Los depredadores del futuro y el medio ambiente –esa clase motivada por el individualismo y el desinterés– vieron provecho en la prolongación de aquellos elementos que ponían en riesgo nuestras vidas y nuestra paz. Han mantenido por mucho tiempo ese esquema insostenible, produciendo una desmedida emisión de gases de efecto invernadero, la generación indiscriminada de residuos y la pésima gestión de nuestros recursos naturales.

Ante una amenaza de tan grande escala, toca enfrentarnos a la desesperanza, organizarnos, reflexionar y formular soluciones. Hoy, 20 de septiembre de 2019, se ha convocado a una huelga a nivel mundial para exigir un combate más vehemente a la emergencia climática. Que sea una activista tan joven como Greta Thunberg quien esté liderando este esfuerzo es explicativo de la urgencia que implica para nuestra generación la atención de esta realidad. Como en algún momento escribí con mis compañeros de causa, a pesar de que en algún momento parezca demasiado negro el panorama, el terror no debe paralizarnos, sino que debe motivarnos a imaginar y construir soluciones radicales que nos permitan combatir la crisis. Si bien las acciones emprendidas por los gobiernos internacionales son fundamentales para este esfuerzo –pues sin el compromiso de las grandes potencias es posible que no alcance con los demás intentos–, existe otro nivel en el que debemos actuar: el local. Ese cuidado de nuestro hogar común –nuestro estado– es la lucha que hemos escogido emprender.

Como mencioné anteriormente, solo es posible preocuparnos por nuestro estado si antes le tomamos cariño y le asignamos valor a su protección. Lo que se ama se cuida, y si queremos a Jalisco, entenderemos la importancia de hacer frente a esos depredadores que lo tienen en llamas. Estamos en un punto en el que ya no sólo es urgente detener los daños al medio ambiente, sino que también es indispensable tomar medidas de regeneración para recuperar un equilibrio ecológico que hemos perdido. Recuperar las porciones de La Primavera que fueron invadidas por la mancha urbana, sanear la cuenca del Lerma-Santiago y resolver nuestra irracional gestión de recursos sólidos urbanos son sólo algunas de las medidas irrenunciables para caminar hacia la sustentabilidad de Jalisco.

Todo lo anterior parte de un supuesto fundamental: sólo es posible si vencemos el miedo, la apatía y el aislamiento. Si somos capaces de articularnos, exigir, proponer, debatir y ejecutar, tenemos la oportunidad de que parte de los daños causados por la emergencia ambiental sean revertidos. Así, como Greta Thunberg ha logrado inspirar a toda una generación de jóvenes y viejos a lo largo del mundo, es momento de que hagamos lo propio en Jalisco y enfrentemos a esos depredadores que nos quieren robar el futuro. 

 

  • TODO tags

      Is there a problem with this article? [Join] today to let people know and help build the news.
      • Compartir
        Compartir
      • Temas

      Suscríbete a nuestro boletín

      Para recibir noticias, alertas y actualizaciones

      WikiTribune Abrir Menú Cerrar Buscar Me gusta Regresar Siguiente Abrir Menú Cerrar Menú Play video RSS Feed Compartir en Facebook Compartir Twitter Compartir Reddit Síguenos en Instagram Síguenos en YouTube Conéctate con nosotros en LinkedIn Connect with us on Discord Envíanos un correo electrónico