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Entre precariedad y estigma: los doctorados y posdoctorados en México

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Por Diana Juárez*

Son 32 aspirantes a postdoctorado sin respuesta. Son 102 proyectos de investigación detenidos. Se trata del número de becas que el Conacyt redujo este año. ¿La razón? Nadie lo ha informado. ¿Quién pierde con este machetazo a la investigación? ¿Los exbecarios, sus familias? ¿Su comunidad, el país?

Estudiar un doctorado o un postdoctorado en México atrae en ocasiones, en la sociedad una mala percepción de que se trata de una especie de necedad no solo académica sino ante la vida. “¿Otra vez vas a estudiar?, ¡mejor ponte a trabajar!”, nos dicen -o quizá solo lo piensen- algunos.

En México, la vida académica no es valorada, esto se debe a que se espera de sus actores una aportación rápida y monetaria ¿cuántos ingresos están generando? ¿Cuánta ganancia trae el país? “Lo pago con mis impuestos, que se pongan a trabajar”, demandan algunos. Pero la capacidad de análisis que ofrece un doctorado permite reducir gastos, mejorar la calidad de vida de las personas, fortalecer la educación. Basta recordar el papel del Coneval, un centro de estudios dirigido por seis académicos que se apoyan en las universidades. Una institución que señaló la ineficiencia del programa del sexenio pasado “La Cruzada Contra el Hambre”.

Estudiar un posgrado es un labor ardua y de largo plazo. Son horas de lectura, reflexión, escritura para entender un fenómeno; ya sea el sargazo, el cáncer, la tecnología, los movimientos sociales, el espacio digital. En países del tercer mundo aspirar para un doctorado o postdoctorado es como una carrera de obstáculos que tiene como meta, sin duda, un trabajo, un duro trabajo, que no siempre conduce a una luminosa avenida con mejores estándares de calidad de vida o reconocimiento profesional. Y si ello ocurre, es frecuente que lo sea en otro país, no en el tuyo.

En México los campos de desarrollo para los estudiantes de posgrado son reducidos; en nuestro país no se cumple la mejor ecuación: educación es igual a mejores ingresos.

“Estudiar un doctorado en México no es sencillo, se ha convertido en una necedad por hacerlo. El modelo tradicional está basado en una beca que si bien no puede mantener la vida de un estudiante de doctorado, contribuye a que mantenga su proyecto”, comentó Ulises Vera,doctor en Comunicación en la Universidad Iberoamericana .

A la reflexión se suma la del doctor Miguel Santiago Reyes Hernández, del Instituto de Investigación para el Desarrollo con Equidad de la Universidad Iberoamericana: “La educación… en nuestro país no es suficiente para moverse en la escala social”.

De acuerdo con este último, los ingresos de los profesionistas con posgrado se han reducido, en promedio, de $24,191.00 a $14,804.96 pesos mensuales; de aquellos con licenciatura, de $11,268.71 a $7,653.84; con preparatoria, de $6,066.32 a $3,765.29; con secundaria, de $4,691.87 a $2,990.34; con primaria, de 4,187.13 a 2,990.34; y en personas sin estudios, de $2,251.01 a $1,996.34 pesos mensuales. Lo que demuestra que una mayor escolaridad genera más ingresos, éstos tienden a disminuir, aun sin considerar el impacto inflacionario.

Más allá de ello, reducir becas y espacios para los investigadores implica menos recursos y sobre todo, un alto a los proyectos de investigación con los que se pretendía aportar a la tecnología, cultura y, también, al entendimiento del medio ambiente.

Frente a este panorama, la comunidad académica se pregunta: ¿Por qué ha fracasado en su labor, en su defensa a la investigación la doctora Maria Elena Álvarez-Buylla, directora de Conacyt? Se tenía esperanza de su desempeño, se trata de una científica, parte de una familia de científicos, hija de refugiados españoles; por tanto, con mayor sensibilidad social. Al parecer se ha revelado como una personalidad débil, subordinada a los dictados de los que administran con una guadaña de por medio. Acaso la herbolaria dota de paciencia, pero no de carácter. “No pasa nada”, le han de decir, cuando le ordenan suprimir becas, cancelar fondos, tirar a la basura sueldos y proyectos de tantos.

Pero sí pasa, doctora. ¡Debe alzar la voz¡. Si no lo hace Conacy, si no lo hace ella, ¿entonces quién?

*Estudiante de Doctorado en Comunicación en la Universidad Iberoamericana

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