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Municipios con democracias reales

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  1. Javier Medina Preciado (@el_javiermp) - Cristóbal Álvarez Palomar (@Cristobal_ap_)

Los municipios de nuestro estado son territorios diametralmente distintos entre sí y, por lo tanto, su población, necesidades y realidades también lo son. Parte de esta diversidad hace que simultáneamente un lunes a las 8 de la mañana, por ejemplo, en el Área Metropolitana de Guadalajara miles de personas vayan en auto a sus centros de trabajo, ya con el tiempo encima y que, ese mismo día a esa misma hora, en algún municipio al interior del estado alguien lo esté haciendo a caballo, disfrutando sin demasiada prisa de un día que recién empieza.

  A pesar de vivir en distintos entornos, existen asuntos que igual nos preocupan a la población alteña, a la del centro, la Ciénega, los Valles, la Costa o el Sur. Algunos de ellos son, por ejemplo, la inseguridad y la crisis ambiental a la que nos enfrentamos. En cada uno de nuestros espacios está presente el descontento con las instituciones y las autoridades, así como la falta de esperanza en la participación política.

  Ese descontento puede encontrar parcialmente su causa en una reducida capacidad de los gobiernos municipales para atender de manera satisfactoria las demandas y necesidades de su población, pero vale la pena señalar también que los municipios son instancias complejas, con la responsabilidad de atender y resolver una larga lista de situaciones, desde la planeación de su desarrollo y la delimitación de sus usos de suelo, patrimonio y gasto público, hasta la atención de reportes por luminarias que no funcionan o conflictos vecinales. Ante este panorama, se da una severa desarticulación entre la sociedad y su municipio, incrementando aún más sus deficiencias. 

Es grave que no existan las condiciones para que las personas participen activamente en sus municipios porque así se descuida el actuar de la esfera de gobierno más cercana a ellas. Por ello, debemos buscar incentivar la participación de la sociedad, democratizando a nuestros municipios como ente, a través de gestiones responsables que tengan como objetivo central recuperar la confianza de las personas e incluirlas en la toma de decisiones fundamentales.

  Democratizar a los municipios implica, de entrada, romper con el esquema en el que los proyectos municipales se renuevan cada tres años –eso sin mencionar que, en la práctica, las gestiones de los ayuntamientos duran mucho menos– para generar una idea más o menos clara de hacia dónde dirigir nuestras comunidades más allá de los colores que se instalen en las cabeceras.

  Democratizar al municipio también implica impulsar esquemas de gobernanza que pongan a las personas al centro de las agendas, crear condiciones para la generación de mecanismos de encuentro y construcción colectiva con perspectiva de gobierno abierto, atender necesidades de las colonias sin intenciones meramente electorales, diseñar y aplicar políticas desde las realidades de las comunidades y no desde los escritorios, y además, entender qué implica gobernar un municipio. Encabezar una administración pública municipal no debe entenderse como simplemente una etapa de preparación para aspirar a gobernar el estado u obtener un lugar en el Congreso, mucho menos debe asumirse como zona de confort en la que se puede trabajar con indiferencia y evadiendo responsabilidades.

  Para gobernar un municipio se necesita partir de un localismo bien entendido, de un cariño por la comunidad que procure que las personas dibujen horizontes compartidos desde el encuentro y la interacción de visiones y proyectos.

  El municipio es este sitio donde se conjugan las y los vecinos, la tienda de la esquina, el puesto de los raspados, el de elotes, el aire fresco de la mañana y el crepúsculo por la tarde. Es el espacio que concentra nuestros lugares de convergencia y desencuentro, por lo que es fundamental preocuparnos por ellos, conocerlos y amarlos. Amar a nuestros municipios es recorrer sus calles y visitar sus espacios, pero sobre todas las cosas es pensarlos como una extensión de nuestros hogares y encontrar colectivamente formas para mejorar sus condiciones.

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