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Ideas a futuro: Reinvindicar la democracia

  1. Por : Jordi Torres (@JTVera_115) y Roberto Reyes (@RbrtReyes)

En los últimos años las discusiones alrededor de la vigencia de la democracia se han reavivado. En los países occidentales fenómenos como el Brexit, la elección de Donald Trump o el resurgimiento del fascismo en Europa tomaron por sorpresa a muchos. ¿Cómo era posible que en sistemas liberal-democráticos, bajo ese entramado de reglas, se dé lugar a discursos de odio y antiliberales? Pero en los Estados latinoamericanos, las discusiones críticas alrededor de la democracia cuentan con más historia. Paradójicamente, nuestra historia democrática es bastante más corta: el siglo XX estuvo marcado por las dictaduras en toda la región (ya sean duras como la argentina, chilena y brasileña, o blandas como la mexicana); y sin embargo, desde que se han echado a andar las maquinarias democráticas, éstas no se han escapado de la desconfianza de las personas. Según Latinobarómetro, el apoyo a la democracia en la región encontró su punto más alto en 1997, con un 63% de aprobación. En el reporte del 2018 nos encontramos en uno de los puntos más bajos: sólo 48% de latinoamericanos creen que la democracia es el mejor sistema político. Nuestro país se encuentra por debajo del promedio regional con un 38%. Menos de 4 mexicanos de cada 10, creen en la democracia.

Como aspirantes a construir una organización partidista tenemos la responsabilidad de entender la realidad desde donde partimos. Somos conscientes de que estamos conformando un partido político que se desarrollará –en términos sartorianos y dahlianos– dentro de un modelo democrático pluralista y competitivo. Esto quiere decir, que Futuro se encontrará dentro de un sistema multipartidista, donde varias fuerzas políticas jaliscienses propondrán diversos programas políticos, con el objetivo de conseguir el apoyo de la ciudadanía. Asimismo, esta corriente teórica defiende el sufragio universal y las elecciones libres, periódicas y competitivas, porque cree que es el único medio por el cual el pueblo, ejerciendo su soberanía, puede elegir libremente a sus representantes.

Por otra parte, sabemos que nuestro país también se rige mediante un modelo democrático liberal y protector establecido en la Constitución. Básicamente, esta escuela filosófica ha instaurado un régimen político que protege a los mexicanos de los peligros del poder absoluto, por medio de un conjunto de instituciones como los derechos civiles, la división de poderes, el federalismo y el Estado de derecho. En resumidas cuentas, “la idea del liberalismo es que la justificación de la democracia consiste en su contribución a la libertad, al desarrollo y al bienestar de cada ciudadano individualmente considerado” (Del Águila, 1997, pp. 142). Por nuestra parte, defendemos algunos de los aspectos de esta corriente de pensamiento, pero negamos profundamente la reducción de la democracia a la defensa de una libertad desde el privilegio. “¿Qué importa que el hombre sea libre de… discutir las condiciones de su trabajo, si su situación económica lo obliga a plegarse a la ley del empleador, que sea libre de organizar su descanso, si la preocupación del pan cotidiano le absorbe todo su tiempo, que sea libre de desarrollar su personalidad por medio de la cultura y la contemplación del universo ofrecido a todos, si le hace falta materialmente el mínimo vital?” (Burdeau, 1960, pp. 12). 

Reducir la democracia a ese mínimo necesario del debido proceso electoral, sin dimensionar los dilemas de la protección de las clases económicamente privilegiadas es un grave error. Sin duda, algo que parece claro a medida que acumulamos experiencia democrática, es que si queremos construir proyectos políticos en los que quepan todas y todos, el voto universal y el sistema de representación son sólo el primer paso; e incluso, estas medidas no son efectivas si no todas las personas pueden acceder a ellas. Una democracia integral implica la vida digna de todas las personas, un piso de desigualdad económico mínimo y que, sin importar de qué contexto se provenga, todas las personas puedan participar y desarrollarse plenamente. Por eso, nos suscribimos a una democracia que constántemente luche por la ampliación de los proceso de participación, que se aleje de las estructuras que sistemáticamente excluyen a las mujeres y que escuche las visiones de la vida en común de los pueblos originarios. Porque nos queda bien claro: si la estructura se construye de tal forma que algunos tienen más oportunidades de participar que otros, lo que se genera es una violencia sistemática que desplaza a cierto grupos de la participación política y, por lo tanto, los vuelve más vulnerables e invisibilizados. 

Es por eso que para edificar una verdadera democracia debemos reconocer la multiplicidad de contextos e identidades, y construir los mecanismos para que estas distintas realidades se encuentren, dialoguen y construyan una política de lo común, de lo que les une sin tener que renunciar a sus diferencias (porque esto representaría forzarlas a ser una sola identidad). La manera de materializar esto es resistir y luchar por una sociedad con menos limitaciones para participar en la vida pública, facilitar el acceso a los bienes públicos y a la información  de lo que sucede con lo que nos concierne a todos. Crear una sociedad en donde la alimentación, la salud, la educación y el empleo no representan una preocupación diaria para nadie. Por otro lado, requerimos de un sistema flexible a las identidades, que no solo permita que se incorporen todos al sistema, sino que el sistema pueda representar distintas visiones al mismo tiempo. Creemos firmemente en el multiculturalismo como una forma de ampliar los horizontes de nuestra estructura, y como respuesta necesaria para la satisfacción de los derechos culturales de todas las personas; y creemos también en localismo como el método más eficaz para reinterpretar nuestras coyunturas, entenderlas y trabajar en sus soluciones. 

Somos un proyecto de competencia electoral con objetivos específicos (derrumbar los muros de la exclusión, hacer de lo público una esfera que verdaderamente nos represente a todos, defender la diversidad), pero que no pierde de vista el valor de la democracia dentro de nuestra organización, y fuera, en la sociedad jalisciense. 

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        Bibliografía 

        Burdeau, G. (1960). La Democracia: Ensayo Sintético. Barcelona, España: Ariel. 

        Dahl, R. (1989). La poliarquía: participación y oposición. Madrid, España: Editorial Tecnos.

        Dahl, R. (1992). La Democracia y sus Críticos. Barcelona, España: Paidós. 

         Del Águila, R. (1997). “La Democracia”. En R. Del Águila (Ed.), Manual de Ciencia Política (pp. 139-157). Madrid, España: Editorial Trotta. 

         Sartori, G. (1992). “Democracia”. En G. Sartori (Ed.), Elementos de Teoría Política (pp. 27-62). Madrid, España: Alianza Editorial. 

        Fotografía: Gritos de protesta (Guillermo Ramirez, 2018)

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