667c573a-3a9a-400e-88c9-2c98f72bbc25

La esquina imperceptible

  1. Biblioteca para ciegos y débiles visuales.

Por Violeta Martínez

Estación Balderas, Línea 1, dirección Pantitlán. Entro al metro de la Ciudad de México; en donde solo se escuchan las pisadas constantes de los pasajeros que entran y salen deprisa de los vagones, algunos con grandes bolsas en mano, otros solo con la mirada perdida en el mundo virtual que su celular les ofrece.

De manera automática todos los pasajeros se aproximan a la salida, donde el ruido de los torniquetes al dar vuelta retumba en mis oídos.

Junto con ellos me aproximo a la salida, al salir me encuentro con un edificio de una larga estructura protegida por barrotes que la mantienen alejada de los pasantes.

Sigo a la gente que rápidamente pasa a través de un mercado, el cual me da la bienvenida con su olor de garnachas en donde un grupito de gente se acomoda, sigo mi camino y me encuentro con un puesto que vende libros y revistas viejas con un señor de edad avanzada y enormes anteojos recitando a cualquier caminante: “Revíselos, Chéquelos, levántelos sin compromiso güerita”.

Me encuentro frente a  una multitud aglomerada en un puesto improvisado de vinilos, enfrente de uno de artesanías chiapanecas.

A lado del puesto hay una puerta de barrotes oculta para cualquiera que pase deprisa con la mirada perdida en los puestos.

En cuanto cruzo la puerta, da la impresión de que el escándalo de los mercaderes no traspasara los travesaños de metal que mantienen al Centro de Imagen de la Ciudadela oculta.

El largo edificio a primera vista pareciera ser una edificación aburrida que albergará alguna pintura de un artista desconocido, pero mi curiosidad se ve alimentada cuando pasa a la lado de mi una familia agarrados del hombro cada uno y el que lidera lleva consigo un bastón.

Por el paso seguro que llevaban, supuse que sabían a dónde se dirigen y parecía que conocían el lugar perfectamente aún a pesar de la falta del sentido de la vista que les aquejaba.

Los seguí, manteniendo una distancia apropiada, y me llevaron por un corredor donde la poca luz que había ese día se reflejaba en las blancas paredes del edificio.

Foto: Violeta Martínez

Pero mi asombro continuó cuando llegamos a un pequeño jardín donde la gente descansaba mientras platicaban entre ellos, la mayoría eran personas invidentes.

Foto: Violeta Martínez

Me posicioné enfrente de un árbol en donde había una banca en donde estaba un pequeño grupo de no más de cinco personas invidentes que esperaban enfrente de una puerta.

Foto: Violeta Martínez

No me atreví a acercarme a lo que se hallaba del otro lado de la puerta, por lo que decidí esperar con el grupo de invidentes para entrar. Cuando salió de ella una señora y dio la bienvenida a la Biblioteca para Ciegos y débiles visuales de la Ciudadela.

Foto: Violeta Martínez

Mi impresión fue que había mucho espacio a diferencia de las bibliotecas para gente vidente, aquí cada uno de los sillones para descansar estaban estratégicamente acomodados con una distancia de un metro cada una.

Foto: Violeta Martínez

Los libros fue lo que hizo que me apartara del grupo para poder verlos que aunque sabía serían inteligibles para mí, el tacto sería lo que me acercaría a como leen ellos.

Foto: Violeta Martínez

Mientras yo tocaba cada uno de los libros, la guía seguía su recorrido con el grupo en el cual cada uno de ellos iban palpando cada una de las estanterías de una manera distinta a como yo lo hacía.

Foto: Violeta Martínez

La mirada se me perdía en el enorme espacio que nos rodeaba, mientras que el grupo tomaba los libros y se dirigían a las sillas que la línea amarilla en el suelo les marcaba.

Foto: Violeta Martínez

En uno de mis intentos de poder ponerme en el lugar de ellos, cerré mis ojos y agarré un libro de ilustraciones para niños.

Foto: Violeta Martínez

Pude sentir cada una de las ilustraciones al tiempo que en mi imaginario se dibujaba un caballo; aunque no sabía de qué color era sí pude notar que era un caballo con una crin y a lado de él había árboles o arbustos.

Cuando abrí los ojos noté que efectivamente era un caballo y aunque yo me lo imaginaba negro este era café. Termine el recorrido por mi cuenta mientras seguía tocando cada uno de los objetos que se me presentaban, para cuando salí de la biblioteca había una niña esperando,  le comentaba a su madre en un tono un poco alto que esperaba que tuvieran el libro de “Bajo la misma estrella”.

Foto: Violeta Martínez

Salí del lugar con muchas preguntas en mi cabeza entre ellas, ¿qué pasaría si yo me quedara ciega?, cuando nací viendo y crecí aprendiendo de la misma manera.

Foto: Violeta Martínez

Y el miedo se haría presente al  salir de un lugar que está acomodado para las necesidades de los invidentes como lo es la biblioteca de la Ciudadela, pero afuera la ciudad no sería tan amigable con el  otro que tiene una discapacidad.

  • TODO tags

      Is there a problem with this article? [Join] today to let people know and help build the news.
      • Compartir
        Compartir

      Suscríbete a nuestro boletín

      Para recibir noticias, alertas y actualizaciones

      WikiTribune Abrir Menú Cerrar Buscar Me gusta Regresar Siguiente Abrir Menú Cerrar Menú Play video RSS Feed Compartir en Facebook Compartir Twitter Compartir Reddit Síguenos en Instagram Síguenos en YouTube Conéctate con nosotros en LinkedIn Connect with us on Discord Envíanos un correo electrónico