• ID de revisión 13624 REVISIÓN
  • 2019-06-26 08:40:46
  • por Diana Juárez Torres
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  • ID de revisión 13625 PUBLICADO
  • 2019-06-26 08:46:39
  • por Diana Juárez Torres
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Ideas a futuro: La política de lo común Ideas a futuro: La política de lo común
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Por Roberto Reyes y Jordi Torres - Integrantes de Futuro Por Roberto Reyes y Jordi Torres - Integrantes de Futuro
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<span style="font-weight: 400">Una de las tareas más importantes para construir un futuro mejor es poder concebirlo -primero-. Es por eso que hoy en este espacio pretendemos recuperar el sentido de la política en el que creemos. Una visión de política distinta al creado por las entidades Estatales, y que ha alejado a las personas de su papel central.</span>  <span style="font-weight: 400">Una de las tareas más importantes para construir un futuro mejor es poder concebirlo -primero-. Es por eso que hoy en este espacio pretendemos recuperar el sentido de la política en el que creemos. Una visión de política distinta al creado por las entidades estatales, y que ha alejado a las personas de su papel central.</span>
<span style="font-weight: 400">El uso popular que se le da a la palabra </span><i><span style="font-weight: 400">política</span></i><span style="font-weight: 400">, es muy diverso. Según Fernando Galvis (2005), el término suele utilizarse como sinónimo de una acción realizada por algún gobierno, que planea estrategias globales para conseguir ciertos fines en áreas específicas (por ejemplo: la política económica, la política migratoria o la política laboral). Asimismo, el concepto también suele ser empleado “...para referirse a... los </span><span style="font-weight: 400">[gobernantes] </span><span style="font-weight: 400">que están en el poder, los que mandan para conservar su autoridad” (Galvis, 2005, pp. 2). Es decir, la palabra </span><i><span style="font-weight: 400">política</span></i><span style="font-weight: 400"> nos suele remitir a algo muy a parte de nuestras actividades diarias. No es extraño que comentemos con nuestros conocidos el estado de la economía del país o que nos quejemos de las decisiones del gobierno y de la inseguridad que nos rodea; pero son comentarios que encierran un ánimo de externalidad: es el gobierno, son las autoridades y esos entes burocráticos quienes actúan en la política, yo no, la persona común no. Esta comprensión de la política es problemática: deja de lado esferas importantes, y desarticula la capacidad de todas las personas de participar en ella. Además, esta idea no es una construcción fortuita y tampoco es responsabilidad de las personas; en gran medida, las personas hemos entendido así a la política porque "...cuanto más conservador sea un régimen (esto es, cuanto más comprometido esté a apoyar la </span><i><span style="font-weight: 400">autoridad</span></i><span style="font-weight: 400"> y a defender el </span><i><span style="font-weight: 400">statu quo</span></i><span style="font-weight: 400">), más inclinado estará a limitar el concepto y la práctica de la política" (Leftwich, 1987, pp. 31).</span> <span style="font-weight: 400">El uso popular que se le da a la palabra </span><i><span style="font-weight: 400">política</span></i><span style="font-weight: 400">, es muy diverso. Según Fernando Galvis (2005), el término suele utilizarse como sinónimo de una acción realizada por algún gobierno, que planea estrategias globales para conseguir ciertos fines en áreas específicas (por ejemplo: la política económica, la política migratoria o la política laboral). Asimismo, el concepto también suele ser empleado “...para referirse a... los </span><span style="font-weight: 400">[gobernantes] </span><span style="font-weight: 400">que están en el poder, los que mandan para conservar su autoridad” (Galvis, 2005, pp. 2). Es decir, la palabra </span><i><span style="font-weight: 400">política</span></i><span style="font-weight: 400"> nos suele remitir a algo muy a parte de nuestras actividades diarias. No es extraño que comentemos con nuestros conocidos el estado de la economía del país o que nos quejemos de las decisiones del gobierno y de la inseguridad que nos rodea; pero son comentarios que encierran un ánimo de externalidad: es el gobierno, son las autoridades y esos entes burocráticos quienes actúan en la política, yo no, la persona común no. Esta comprensión de la política es problemática: deja de lado esferas importantes, y desarticula la capacidad de todas las personas de participar en ella. Además, esta idea no es una construcción fortuita y tampoco es responsabilidad de las personas; en gran medida, las personas hemos entendido así a la política porque "...cuanto más conservador sea un régimen (esto es, cuanto más comprometido esté a apoyar la </span><i><span style="font-weight: 400">autoridad</span></i><span style="font-weight: 400"> y a defender el </span><i><span style="font-weight: 400">statu quo</span></i><span style="font-weight: 400">), más inclinado estará a limitar el concepto y la práctica de la política" (Leftwich, 1987, pp. 31).</span>
<span style="font-weight: 400">Empezaremos a desglosar nuestro concepto con una analogía: los fluidos son flexibles, encierran movimiento, y toman la forma del recipiente que los contiene; así, la política es el recipiente que contiene a las relaciones de poder entre las personas. En este punto es importante aclarar, que el poder es un concepto que está estrechamente ligado con la política. Esto se debe al hecho de que </span><b>todas</b><span style="font-weight: 400"> las personas tenemos la capacidad de ejercerlo. Un ejemplo de ello es que todo ser consciente puede gobernar su propio cuerpo. No obstante, nuestro poder no sólo se limita al control del cuerpo, sino que todo humano </span><b>puede</b><span style="font-weight: 400"> interactuar, mediante su cuerpo e intelecto, con el ambiente que le rodea. Generando así relaciones de poder entre los individuos que conforman una sociedad. Las relaciones de poder sólo existen de la forma en la que se delimiten colectivamente: la diversidad que subyace en todo grupo humano da lugar a la diferencia, al conflicto, y esta primera condición nos lleva a conformar grupos con los que nos identificamos. Aquello puede implicar el distanciamiento hacia quienes no son “nosotros”, así se construye lo “otro”. El teórico Carl Schmitt llama a esto el presupuesto de la política, la polémica es materia de la política. Esas definiciones son relaciones de poder en tanto que definen la relación entre las personas y entre un grupos de personas, se materializan en la forma en que nos conducimos.</span> <span style="font-weight: 400">Empezaremos a desglosar nuestro concepto con una analogía: los fluidos son flexibles, encierran movimiento, y toman la forma del recipiente que los contiene; así, la política es el recipiente que contiene a las relaciones de poder entre las personas. En este punto es importante aclarar, que el poder es un concepto que está estrechamente ligado con la política. Esto se debe al hecho de que </span><b>todas</b><span style="font-weight: 400"> las personas tenemos la capacidad de ejercerlo. Un ejemplo de ello es que todo ser consciente puede gobernar su propio cuerpo. No obstante, nuestro poder no sólo se limita al control del cuerpo, sino que todo humano </span><b>puede</b><span style="font-weight: 400"> interactuar, mediante su cuerpo e intelecto, con el ambiente que le rodea. Generando así relaciones de poder entre los individuos que conforman una sociedad. Las relaciones de poder sólo existen de la forma en la que se delimiten colectivamente: la diversidad que subyace en todo grupo humano da lugar a la diferencia, al conflicto, y esta primera condición nos lleva a conformar grupos con los que nos identificamos. Aquello puede implicar el distanciamiento hacia quienes no son “nosotros”, así se construye lo “otro”. El teórico Carl Schmitt llama a esto el presupuesto de la política, la polémica es materia de la política. Esas definiciones son relaciones de poder en tanto que definen la relación entre las personas y entre un grupos de personas, se materializan en la forma en que nos conducimos.</span>
<span style="font-weight: 400">Ahora, es muy importante entender cómo opera la política, es decir, esas la relaciones del poder que en el fondo están determinadas por construcciones alrededor del conflicto. Encontramos que en la modernidad existen dos grandes categorías de los espacios de lo político: 1) Estructuras formales: constituidas por las organizaciones e instituciones que se proclaman mediadoras de los conflictos, es decir, toda la maquinaria del Estado, las leyes y reglamentos, tribunales, cuerpos de persecución del delito, el conjunto de partidos políticos, y todas y cada una de las dependencias que configuran la burocracia de un país; y 2) Estructuras simbólicas: mucho más complejas y menos evidentes, pero igual de capaces para definir el estado político de una sociedad. Para identificarlas puede ayudar detenernos a observar la forma en la que nos expresamos. Cuando nos referimos a “lo otro”, no sólo se pone en juego la descripción objetiva del grupo de personas que constituyen lo otro, sino que una mezcolanza de ideas y juicios entran en juego para darle una significación específica a ese grupo. Por ejemplo, cuando se dice que esto o aquello es “naco” lo que en se está diciendo es que es indeseable, es representativo de una forma de vida no válida y tendencialmente relacionado con la visión y forma de vida de las clases sociales bajas; de lo que se induce que la vida de las personas de las clases sociales bajas es menos válida que la de quien enuncia el calificativo.  Distintos teóricos han sumado en esclarecer los asegunes y múltiples formas que toman estas relaciones de poder. En la obra de Foucault (1975) estas relaciones se materializan en la construcción de discursos de normalidad, que al definirse, establecen un rechazo hacia todo aquello que se encuentre fuera: lo anormal. Por otro lado, Frantz Fanon identificó la forma en la que las colonizaciones perduran a las independencias políticas a través de la “epidermización de la inferioridad”, es decir, la incapacidad de abandonar el ideal de que la metrópoli es moralmente superior. Existen múltiples investigaciones al respecto, pero aún en diferentes contextos y diferentes sujetos prevalecen las relaciones de poder construidas más allá del Estado. </span> <span style="font-weight: 400">Ahora, es muy importante entender cómo opera la política, es decir, esas la relaciones del poder que en el fondo están determinadas por construcciones alrededor del conflicto. Encontramos que en la modernidad existen dos grandes categorías de los espacios de lo político: 1) Estructuras formales: constituidas por las organizaciones e instituciones que se proclaman mediadoras de los conflictos, es decir, toda la maquinaria del Estado, las leyes y reglamentos, tribunales, cuerpos de persecución del delito, el conjunto de partidos políticos, y todas y cada una de las dependencias que configuran la burocracia de un país; y 2) Estructuras simbólicas: mucho más complejas y menos evidentes, pero igual de capaces para definir el estado político de una sociedad. Para identificarlas puede ayudar detenernos a observar la forma en la que nos expresamos. Cuando nos referimos a “lo otro”, no sólo se pone en juego la descripción objetiva del grupo de personas que constituyen lo otro, sino que una mezcolanza de ideas y juicios entran en juego para darle una significación específica a ese grupo. Por ejemplo, cuando se dice que esto o aquello es “naco” lo que en se está diciendo es que es indeseable, es representativo de una forma de vida no válida y tendencialmente relacionado con la visión y forma de vida de las clases sociales bajas; de lo que se induce que la vida de las personas de las clases sociales bajas es menos válida que la de quien enuncia el calificativo.  Distintos teóricos han sumado en esclarecer los asegunes y múltiples formas que toman estas relaciones de poder. En la obra de Foucault (1975) estas relaciones se materializan en la construcción de discursos de normalidad, que al definirse, establecen un rechazo hacia todo aquello que se encuentre fuera: lo anormal. Por otro lado, Frantz Fanon identificó la forma en la que las colonizaciones perduran a las independencias políticas a través de la “epidermización de la inferioridad”, es decir, la incapacidad de abandonar el ideal de que la metrópoli es moralmente superior. Existen múltiples investigaciones al respecto, pero aún en diferentes contextos y diferentes sujetos prevalecen las relaciones de poder construidas más allá del Estado. </span>
<span style="font-weight: 400">Las organizaciones estatales rara vez reconocen públicamente el poder que las estructuras simbólicas significan, y así, se ha perdido parte de la discusión de esta dimensión de la política, que es central. Aquí también cabe resaltar que así como esas estructuras han sido construidas, es posible imaginarlas. La política como recipiente significa que el recipiente está sujeto a cambios, como un molde al que se le debe ejercer mucha presión y temperaturas altas para modificarle. Una vez identificadas las problemáticas y violencias que nuestro modelo político permite, es nuestro deber modificarlo para regular esas relaciones de poder violentas.  </span> <span style="font-weight: 400">Las organizaciones estatales rara vez reconocen públicamente el poder que las estructuras simbólicas significan, y así, se ha perdido parte de la discusión de esta dimensión de la política, que es central. Aquí también cabe resaltar que así como esas estructuras han sido construidas, es posible imaginarlas. La política como recipiente significa que el recipiente está sujeto a cambios, como un molde al que se le debe ejercer mucha presión y temperaturas altas para modificarle. Una vez identificadas las problemáticas y violencias que nuestro modelo político permite, es nuestro deber modificarlo para regular esas relaciones de poder violentas.  </span>
<span style="font-weight: 400">En este punto podemos hacer una crítica al poder. Pareciera que nos hemos referido a la política de una forma en la que se encierran relaciones de poder tendencialmente desiguales. No queremos negar estas desigualdades, es más, nuestro compromiso es evidenciarlas y asegurarnos de que comencemos a entender la violencia que implican. La segregación en cualquier ámbito por razones de identidad, raza, género, etcétera; constituyen violencias políticas que encierran pretensiones de dominación. No perderlo de vista es el primer paso para reconstruir a la política. Creemos que la violencia no es una característica de la política, sino que ésta última tiene dos grandes categorías de la forma en la que se materializa (no olvidemos que es un recipiente moldeable): a) Vertical: que implica el uso de violencias y establece relaciones de poder asimétricas, en las que algunos grupos dominan sobre los otros, su lógica es la disminución de la diferencia y el pluralismo; y b) Horizontal: en el que la violencia no puede ser el método, se busca establecer relaciones de poder simétricas y cuya lógica es la preservación de la diversidad y pluralismo, por lo que también es imposible permitir que unos grupos dominen sobre otros. </span> <span style="font-weight: 400">En este punto podemos hacer una crítica al poder. Pareciera que nos hemos referido a la política de una forma en la que se encierran relaciones de poder tendencialmente desiguales. No queremos negar estas desigualdades, es más, nuestro compromiso es evidenciarlas y asegurarnos de que comencemos a entender la violencia que implican. La segregación en cualquier ámbito por razones de identidad, raza, género, etcétera; constituyen violencias políticas que encierran pretensiones de dominación. No perderlo de vista es el primer paso para reconstruir a la política. Creemos que la violencia no es una característica de la política, sino que ésta última tiene dos grandes categorías de la forma en la que se materializa (no olvidemos que es un recipiente moldeable): a) Vertical: que implica el uso de violencias y establece relaciones de poder asimétricas, en las que algunos grupos dominan sobre los otros, su lógica es la disminución de la diferencia y el pluralismo; y b) Horizontal: en el que la violencia no puede ser el método, se busca establecer relaciones de poder simétricas y cuya lógica es la preservación de la diversidad y pluralismo, por lo que también es imposible permitir que unos grupos dominen sobre otros. </span>
<span style="font-weight: 400">Encontramos que la construcción de lo común, de lo que nos une, sólo es posible con un modelo de política horizontal,  es allí a donde aspiramos. La deliberación, el diálogo y la acción son las formas concretas que toma esta política, en esto concordamos con algunas de las ideas de Hannah Arendt (1958) y Jürgen Habbernas (2005).  Las relaciones políticas solo pueden dejar de ser formas de dominación cuando la violencia se elimina de la fórmula. Tampoco debemos olvidar que para que esa participación activa en la política sea posible tenemos que encargarnos primero de re-construir la política de nuestro estado. Hacer evidentes que las relaciones de poder hasta ahora han sido desiguales, y que las organizaciones estatales no han optado por una comprensión integral de estas desigualdades. Una política de lo común implica retomar estas discusiones, que afectan nuestro día a día, al mismo tiempo que apostamos por construir un poder horizontal, construido por todas las personas. </span> <span style="font-weight: 400">Encontramos que la construcción de lo común, de lo que nos une, sólo es posible con un modelo de política horizontal,  es allí a donde aspiramos. La deliberación, el diálogo y la acción son las formas concretas que toma esta política, en esto concordamos con algunas de las ideas de Hannah Arendt (1958) y Jürgen Habbernas (2005).  Las relaciones políticas solo pueden dejar de ser formas de dominación cuando la violencia se elimina de la fórmula. Tampoco debemos olvidar que para que esa participación activa en la política sea posible tenemos que encargarnos primero de re-construir la política de nuestro estado. Hacer evidentes que las relaciones de poder hasta ahora han sido desiguales, y que las organizaciones estatales no han optado por una comprensión integral de estas desigualdades. Una política de lo común implica retomar estas discusiones, que afectan nuestro día a día, al mismo tiempo que apostamos por construir un poder horizontal, construido por todas las personas. </span>
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Sources Sources
<p><span style="font-weight: 400">Arendt, H. (1958). La condición humana. Chicago, Estados Unidos de América: University of Chicago Press.</span></p> <p><span style="font-weight: 400">Arendt, H. (1958). La condición humana. Chicago, Estados Unidos de América: University of Chicago Press.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Fanon, F. (1952). Piel negra, máscaras blancas. París, Francia: Seuil.</span></p> <p><span style="font-weight: 400">Fanon, F. (1952). Piel negra, máscaras blancas. París, Francia: Seuil.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Foucault, M. (1975). Los anormales. París, Francia: Seuil.</span></p> <p><span style="font-weight: 400">Foucault, M. (1975). Los anormales. París, Francia: Seuil.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Galvis, F. (2005). Manual de ciencia política. Bogotá, Colombia: Temis.</span></p> <p><span style="font-weight: 400">Galvis, F. (2005). Manual de ciencia política. Bogotá, Colombia: Temis.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Habbermas, J. (2005). Tres modelos de democracia. Sobre el concepto de una política deliberativa. Polis.</span></p> <p><span style="font-weight: 400">Habbermas, J. (2005). Tres modelos de democracia. Sobre el concepto de una política deliberativa. Polis.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Leftwich, A. (1987). ¿Qué es la política? La actividad y su estudio. D.F., México: Fondo de Cultura Económica. </span></p> <p><span style="font-weight: 400">Leftwich, A. (1987). ¿Qué es la política? La actividad y su estudio. D.F., México: Fondo de Cultura Económica. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Schimitt, C. (1932). El concepto de lo político. Nueva Jersey, Estados Unidos de América: Rutgers University Press.</span></p> <p><span style="font-weight: 400">Schimitt, C. (1932). El concepto de lo político. Nueva Jersey, Estados Unidos de América: Rutgers University Press.</span></p>
<p>Foto de: Guillermo Ramírez, 2018.</p> <p>Foto de: Guillermo Ramírez, 2018.</p>

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