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¿Por qué falló la despenalización del aborto en Argentina?


Es 14 de junio de 2018, los ojos del mundo están sobre Argentina. Se discute la despenalización total del aborto — que en muchos países se considera un derecho humano —. 

Después de casi un día de debate y una larga jornada en las calles por grupos feministas y conservadores, el congreso vota a favor de la despenalización. 

Hay fiesta en las calles, las y los activistas de los derechos de las mujeres comienzan a saborear la victoria. Hasta que llega el nueve de agosto. El proyecto de ley es llevado al Senado para que éste decida si se honra la decisión del Congreso o si será rechazada. El resultado final: 38 votos en contra, 31 a favor y una abstención. 

Afuera, aquellos con pañuelos celestes — quienes luchaban por «salvar las dos vidas» —, regresan a casa vitoreando y los pañuelos verdes o también la ya conocida «Marea Verde» — participantes de la «Campaña Nacional Por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito» — se hunden en un sentimiento de derrota, sin embargo, afirman que aunque hayan perdido esta batalla, no se rendirán para lucharla el año que viene. 

Por otro lado, el mundo se ha quedado frío. Prevalece la pregunta; ¿por qué falló el proyecto de Ley? 

En Argentina el aborto se permite solo por tres causales: violación, riesgo de vida para la gestante y si representa un riesgo físico, emocional y/o social. Lo que el proyecto de ley pretendía era despenalizarlo por completo y permitir a las mujeres decidir sobre sus cuerpos; si llevar a término su embarazo o no, con el límite de la catorceava semana para tomar la decisión. 

Durante el mandato de Cristina Kirchner (2007-2015), la entonces presidenta expresaba plenamente que era pro-vida y católica. Ahora desempeña un cargo en la Cámara de Senadores y el súbito cambio de posición que expresó en el momento de la votación se debe más a una estrategia política que a un verdadero interés social. 

En el día de la votación en el Senado, Kirchner declaró; «se puede estar de acuerdo o no, pero lo más grave de esta noche es que estamos rechazando un proyecto sin proponer nada alternativo y la situación va a seguir siendo la misma.»

Ese comentario tenía un objetivo político diferente al que debería de tener, a pesar de esto, hay algo que se puede rescatar de sus palabras, pues sin premeditarlo comienzan a definir una realidad.

El punto de quiebre dentro del debate es que aquellos que se oponen no brindan ninguna alternativa para un país donde la principal causa de muerte durante el embarazo es el aborto inseguro. 

Son muchas las complicaciones que conlleva un aborto de este tipo y que, a pesar de la ilegalidad, se llevan a cabo miles de abortos en la clandestinidad.

Twitter vio toda una serie de anécdotas de mujeres, que relataban lo que había sucedido después de que decidieron interrumpir su embarazo en Argentina. 

Muchos de estos relatos eran contados por amistades, familiares o conocidos de aquellas que murieron o sufrieron complicaciones en el proceso. Utilizaron el  hashtag #Yoaborte.

Con esto se buscaba que el público empatizara y entendiera que era inhumano hacer que decidieran entre morir o ir presas.

Durante el periodo de Kirchner, Argentina fue el primer país latinoamericano en reconocer el derecho al matrimonio entre parejas del mismo sexo. En el 2010 la agenda política era diferente, se podía hablar de manera más abierta sobre temas de controversia, a pesar de que la religión aún jugara un papel sumamente importante en las decisiones políticas y sociales. 

Cuando Jorge Mario Bergoglio se convirtió en el sumo pontífice, se creó un sentimiento de nacionalismo y orgullo por parte del país sudamericano y el pueblo se aferró aún más a la iglesia en un país sin estado laico. 

El Papa Francisco no se mantuvo en silencio cuando se estaba llevando el debate y llamó a sus compatriotas argentinos a defender la vida y comparó el aborto con el holocausto nazi.

Tampoco se puede olvidar todo el poder que ha tenido la iglesia dentro del gobierno argentino. La llegada del Papa sirve para demostrarlo una vez más. Hay una relación intrínseca con la iglesia católica y los peronistas, quienes han estado dentro del poder político por años. Por ejemplo, no fue hasta 1994 que la Constitución cambió el requisito de ser católico para postularse a la Presidencia.

Se ha visto cómo la iglesia Católica ha luchado por años por mantener una posición de estatus. El problema no radica en la fe, ni que sea practicada, sino que a veces pretende tomar decisiones por los demás, aunque estos no compartan las mismas creencias.

Sin embargo, a través de la historia, no solo del país, sino del mundo, se ha visto la represión que han ejercido las organizaciones seculares por mantener el dominio. 

La Santa Inquisición es uno de tantos ejemplos que pueden ser nombrados. En el camino por el afán del poder se han perdido incontables vidas, no solo de aquellas mujeres que murieron por interrumpir su embarazo. 

Así que en realidad el discurso salvador de los creyentes y quienes apuestan por «las dos vidas» se vuelve subjetivo al localizarse dentro del contexto histórico y cultural que ha rodeado por tantos siglos a la iglesia Católica. 

Además, el sector de la sociedad que se oponía al aborto le pedía a Mauricio Macri, actual dirigente del país y político de derecha, que en caso de que se aprobara la ley, él usara su facultad de veto.

La realidad del aborto…

En Argentina, se realizan alrededor de 450 mil abortos clandestinos al año en los que la mayoría son realizados en provincias donde las mujeres tienen acceso limitado a la información y acuden a lugares en los cuales no se les garantiza mantener su integridad física intacta.

Aunque existe una ley que obliga a las escuelas a impartir educación sexual, es sabido que no todas cumplen con dicha manda. El acceso a los anticonceptivos es gratuito, pero con la ausencia de la educación tanto mujeres como hombres desconocen esa posibilidad.

Las dimensiones del aborto van más allá de solo la interrupción del embarazo; recae en un problema de embarazos no deseados, en adolescentes que no tienen educación ni información, por lo que inician su vida sexual sin saber cómo protegerse. Se puede hablar incluso de la violencia machista y de los prejuicios que existen en una sociedad rebautizada. 

Tan solo basta escuchar algunos de los argumentos de Senadores y Congresistas que votaban en contra, quienes para sustentar sus argumentos se refugiaron dentro de la fe, la moralidad y sus propios prejuicios.

La senadora Cristina Valverde declaró que votó en contra porque no leyó la propuesta de ley. También la Vicepresidenta de la nación sostenía que no permitiría el aborto ni en el caso de violación. 

La diputada de la provincia de San Luis, Ivana Bianchi también se hizo escuchar, asegurando que, al legalizar la propuesta, se comercializaría con partes del cuerpo y órganos de los fetos. 

No se puede dejar fuera tampoco al diputado Olmedo Alfredo Horacio, quien en caso de que se despenalizara la interrupción del embarazo, exigía que se construyera un cementerio de fetos abortados.

Como esos argumentos hay muchos otros y con la suma de estos no es de sorprenderse el resultado final.

¿Qué sigue?

El aborto ha sido, es y seguirá siendo un tema controversial, donde cada quien tendrá su propia postura al respecto, sin embargo, no es correcto acorralar a los demás para que sigan tu propio sistema de creencias. El aborto es permitirles a las mujeres decidir sobre sus cuerpos, sea por la razón que sea y eso no debería de ser tema de discusión. 

La decisión debería de ser de las mujeres, que tengan la libertad para elegir sobre su maternidad, no obligarlas a parir como si fueran meras incubadoras o finalmente exiliarlas a morir. 

Después de que se revelara el veredicto, la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana, se dio a la tarea de crear un registro de muertes de mujeres por aborto clandestino, asegurando que estas ya se habían vuelto feminicidios y el asesino, el estado.

Puede que lo anterior sea crudo, pero se considera necesario para retratar la realidad a la que miles de mujeres se ven enfrentadas cada año.

El ocho agosto, mientras que se realizaba vigilias en las calles de Argentina, también hubo miles de mujeres de todo el mundo que se solidarizaron con la causa y convocaron al «Pañuelazo Verde», donde se reunieron para mostrar el apoyo que traspasó fronteras internacionales. 

Aún hay mucho que hacer para que Argentina de un paso hacia adelante e imite a países como Canadá y Estados Unidos. Pero sin duda alguna, es una lucha que no descansará.

Se asegura que para el primero de marzo del 2019 la propuesta volverá y lo hará las veces que sea necesario para que se haga ley. 

Es más que evidente que la llamada «Marea Verde» no solo llegó para quedarse, llegó para cambiar la sociedad. 

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