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Nostalgia de Coney Island

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  1. Coney Island fue el escenario de diversos parques de diversiones demolidos para construir edificios de interés social.

Conocí Coney Island cubierta de niebla. Sus calles eran amplias y sucias. En las esquinas habían cajas de cartón acumuladas las cuales eran vigiladas por vagabundos. Los comercios que albergaban este pedacito de ciudad en Brooklyn eran grandes, a diferencia de algunos que puedes ver en Manhattan, dulcerías amplias, restaurantes de hot dogs y Luna Park, una feria, los lugares que conocí.

Foto Daniela López Amézquita

Nathan’s es el imperio de los hot dogs que recibe a los visitantes que llegan en metro, en su fachada aparece cuanto falta para el próximo concurso de los trogloditas de este platillo americano. Cuando fui faltaban 80 días, 17 horas, 35 minutos, 18.0  segundos. Los ganadores del 2018 fueron Sonya Thomas que logró comerse 45 perros calientes y  Joey Chesnut que pudo comerse 74. Yo sólo pude comerme uno. Compartir unas papas con tocino y un Mac cheesse con mi amiga.

Foto: Daniela López Amézquita

El frío del lugar no te dejaba estar sentado. Pero en verano, me contó mi amiga que se llena y no hay por dónde pasar. Coney Island es el lugar secreto de los neoyorquinos. El lugar que guarda su nostalgia de lo que fue.

Esta Isla que después fue rellenada ha sido el lugar de historias circenses y de pandillas. Es el escenario de Dumbo quien fue la estrella en Dreamland, un centro recreativo que verdaderamente existió y que fue fundado en Coney Island en 1904, fue el último, y considerado el más grande de los tres originales grandes parques icónicos Steeplechase Park y  Luna Park.

Foto: Daniela López Amézquita

Incluso Woody Allen, en la película ‘Wonder Wheel, regresa al Sr. Allen a Coney Island, el hogar de la infancia de su alter ego Alvy Singer, el narrador de “Annie Hall” que afirma haber crecido bajo la montaña rusa del parque de atracciones por tal razón tenía problemas para distinguir entre la fantasía y la realidad.

Foto: Daniela López Amézquita

Así tal cual narra el Sr. Allen me pasó a mí. No sabía en qué dimensión me encontraba si en la material o la de ensueño. Entre juegos encadenados y enrejados y juegos en funcionamiento. Ver el escenario de películas que mi memoria de infancia recuerda pero mi mente de adulta ha olvidado los títulos me trasladaba a ese estado de niña en el que uno se inventa historias irreales en lugares reales. Aquí, en cambio era una historia verdadera en un lugar que sí existe. Coney Island.

Foto: Daniela López Amézquita

No sólo los juegos mecánicos eran parte de ese escenario sublime. La playa con niebla junto con un hombre alimentado las palomas sin razón alguna, también era parte de las escenas de películas con títulos olvidados. Fui en abril, aún hacia frío.

 

Foto: Daniela López Amézquita

Porqué Coney Island se quedó en el olvido 

Detrás de Luna Park, Dreamland y Steeplechase Park hubo un interés económico. Los norteamericanos empezaron a trabajar menos horas y tener mayores ingresos así que comenzaron a buscar nuevas formas de entretenimiento. La mejor época de las ferias fue la edad de oro (1870 y 1890).

Además, los dueños de los tranvías, en búsqueda de alentar a los viajeros a usar el transporte los fines de semana, invirtieron en parques de diversiones ubicados en territorios aledaños para que se necesitara de ésta para llegar a las ferias.

Las primeras ferias tienen sus orígenes en la Edad Media en el continente europeo, en Inglaterra fue la primera comenzó en el año 1113. El primer parque de diversiones surgió en Copenhague, Dinamarca en 1583.

En 1929, Estados Unidos sufrió su gran depresión que hizo que miles de industrias perdieran y los parques de diversiones no fueron la excepción. La segunda guerra mundial vino a afectar aun mas a los parques. Para cuando termino la guerra ya solo quedaban 300 parques de diversiones funcionando en Estado Unidos.

Foto: Daniela López Amézquita

Esta decaída afectó a Coney Island, la cual al final de los años sesenta se convirtió un espacio de construcción para viviendas de interés social por el urbanista Robert Moses. Sobre los terrenos albergados por los parques de diversiones se construyeron enormes bloques de edificios para familias de bajos ingresos, lo que empobreció a la zona y ahuyentó a los turistas.

Aunque los construcciones de estos parques de diversiones han desaparecido y Luna Park se mantiene en pie entre estos bloques de edificios, la nostalgia de lo que fue Coney Island se puede sentir.

 

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