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El Chapo, maestro escapista


Después de su extradición en enero de 2017, Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, fue declarado culpable en el que se ha llamado el mayor juicio por narcotráfico en la historia de Estados Unidos.

El juicio que se llevó a cabo en la ciudad de Nueva York, duró tres meses, durante el proceso se analizaron fotografías, grabaciones y fueron interrogados más de 50 testigos. El cargo más importante que enfrentó es el de haber participado  en una empresa criminal entre 1989 y 1914. Además, se le declaró culpable de posesión de armas, narcotráfico y lavado de dinero.

A sus 61 años de edad, El Chapo espera la sentencia con la que será enviado por el resto de sus días a una prisión federal de máxima seguridad en Estados Unidos. La sentencia está prevista para el 25 de junio de este año y Guzmán Loera no tendrá la posibilidad de solicitar libertad condicional.

Con un historial de cuatro detenciones, dos fugas y una extradición a Estados Unidos, parece obligada la pregunta sobre las condiciones en las que El Chapo tendrá que ser recluido, tomando en cuenta que en México logró evadir dos penales de máxima seguridad, con presunta participación de funcionarios mexicanos, con una red de influencias y tráfico que llega a los cuatro continentes.

Después de una carrera criminal que iniciaría en los años 60 con la siembra de mariguana en su natal Sinaloa, y que escalaría rápidamente para convertirse en el principal traficante de cocaína a los Estados Unidos en los 80, primero como lugarteniente del cártel de Miguel Ángel Félix-Gallardo y finalmente fundando el cartel de Sinaloa en 1990, Joaquín Guzmán Loera fue detenido en el entonces Distrito Federal en 1991 por la Policía Judicial. Se trataba de su primer detención por parte de la justicia mexicana, pero presuntamente logró quedar en libertad gracias a un soborno de 100 mil dólares, entregados al entonces jefe de la policía de la capital, Santiago Tapia Aceves.

Dos años después, en 1993, fue capturado en Guatemala por autoridades del país centroamericano y entregado al gobierno de Carlos Salinas en la frontera con México. De ahí fue trasladado al Penal del Altiplano, donde permaneció 5 años antes de ser trasladado al Penal de Puente Grande en Jalisco. El 18 de febrero de 2011 logró fugarse, de acuerdo con la investigación oficial, en un carro de lavandería.

Trece años después fue capturado nuevamente ahora por la administración del expresidente Enrique Peña Nieto y recluido en el penal de máxima seguridad del Altiplano. En esta ocasión, El Chapo sólo estuvo detenido un año y 139 días. Los detalles de su fuga le dieron la vuelta al mundo por lo  escandaloso del caso, pues logró escapar del penal a través de un túnel de 1.5 km que conectaba su celda con una casa en obra negra en un predio cercano. Ingenieros civiles consultados, calculan que la construcción debió costar cerca de 8 millones de pesos y, quizá lo más relevante, consideran que no hay forma de que su construcción pasara inadvertida.

Esta vez la libertad le duró poco. Solo seis meses después fue recapturado por elementos de la Marina Armada de México tras un tiroteo, en la colonia Scally en Los Mochis, Sinaloa. En esta detención, la actriz mexicana Kate del Castillo jugó un papel clave, pues desde agosto de 2014 sostuvo una comunicación con El Chapo, presuntamente para asesorar al capo en la realización de una película autobiográfica. El gobierno mexicano monitoreó las actividades de la actriz y tiene documentados al menos cuatro encuentros. Este intercambio de llamadas, encuentros y cartas que sostuvieron mientras el Loera Guzmán estaba preso y posteriormente cuando escapó por el túnel, fueron pieza clave en su recaptura, de acuerdo con la versión oficial.

Después de ser capturado en Los Mochis, el gobierno de Estados Unidos solicitó inmediatamente su extradición y llegó a Nueva York el 17 de enero de 2017. Dos años después fue declarado culpable y solo le queda esperar la sentencia, sin embargo ya se habla de la posible prisión en la que El Chapo podría pasar el resto de su vida.

Se trata de una cárcel ubicada en el desierto de Florence, en Colorado. Se le conoce con nombres como “Alcatrás rocoso”, SuperMax” o “Infierno de alta tecnología”. Fue construida en 1994 y está fuertemente custodiada por elementos de seguridad y herramientas tecnológicas.

Los prisioneros de este penal, entre los que se encuentran por ejemplo Zacarías Moussaoui, el francés condenado por los ataques del 11 de septiembre de 2001, sólo pueden salir dos horas al día de su celda y lo hacen con grilletes en manos y piernas.

Las visitas están permitidas, pero deben ser aprobadas por las autoridades de la prisión. Los abogados del Chapo han mencionado que Emma Coronel, su actual esposa, no tendría permitido visitarlo.

Parece casi imposible que Joaquín Guzmán Loera logre esta vez evadir la justicia, aún siendo uno de los hombres más poderosos y ricos del mundo. Mientras se dicta la sentencia el próximo mes de junio y pisa la prisión de Colorado, todo está por verse.

 

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