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Cultivan microalgas para producir biocombustibles

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En el Departamento de Ingeniería Celular y Biocatálisis del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Alfredo Martínez Jiménez realiza una investigación enfocada en el desarrollo de aplicaciones del cultivo de microalgas para la producción de biocombustibles.

De acuerdo con el investigador y doctor en biotecnología por la UNAM, una gran parte de los combustibles fósiles tiene su origen en las algas, y debido a que acumulan proteínas, aceites y carbohidratos tienen un amplio potencial para emplearse en la producción de biocombustibles, ya que estos elementos pueden ser utilizados como materias primas para la generación de biodiésel, biogás y bioturbosina.

En el Instituto de Biotecnología de la UNAM, el grupo de investigación del doctor Martínez Jiménez plantea la idea de domesticar el cultivo de microalgas, obtener aceites o almidón y procesarlos para obtener biocombustibles, así como realizar un uso integral del cultivo para el desarrollo de diferentes productos.

El investigador explica que Estados Unidos o Brasil, son líderes en la producción de biocombustibles, ya que disponen de llanuras extensas y gran cantidad de agua, una situación que no tiene México. “No podemos destinar materias primas como las que estos países utilizan en la producción de biocombustibles (almidón de maíz y la sacarosa proveniente de la caña de azúcar), debemos buscar otras alternativas”.

El Instituto de Biotecnología desarrolla esta investigación y un concepto más global: la biorrefinería, que busca consolidar diferentes tipos de cultivo para que la producción a nivel comercial sea viable en un periodo de cinco o diez años.

Iimportancia histórica

Desde los años cincuenta se había tenido la idea de producir combustibles a partir de algas, aunque en ese tiempo no resultaba económicamente viable, principalmente, porque los combustibles fósiles eran muy baratos y abundantes.

En los años setenta la idea volvió a tomar importancia debido al encarecimiento de los combustibles derivados del petróleo.

Sin embargo, por muchos años las algas continuaron siendo utilizadas especialmente para alimentación humana, como las algas que nos comemos en el sushi o la spirulina que se producía en el lago de Texcoco, usada como complemento alimenticio los deportistas, en la acuacultura y en la obtención de algunos productos especializados como el polímero biológico conocido como «alginato» que usan los dentistas para tomar impresiones de nuestros dientes o el agar que se utiliza en los laboratorios de microbiología para generar una base semisólida para el crecimiento de muchos microorganismos.

No obstante, fue hasta el 2008 que a las algas se les consideró nuevamente como una opción viable de cultivo para obtener biocombustibles, cuando los precios de los combustibles fósiles empezaron a elevarse hasta llegar a más de 130 dólares por barril de petróleo.

A consecuencia de esto, en varias partes del mundo, la iniciativa privada y/o los gobiernos han estado invirtiendo muchos recursos para desarrollar biocombustibles a partir de algas.

Tanto ha sido el interés por las algas que una de las empresas más importantes, la productora más grande de aviones –Boeing– ha realizado inversiones del orden de millones de dólares apostando por los biocombustibles a partir de algas.

Esa inversión se debe al convencimiento de que el desarrollo de los combustibles de nueva generación a partir de algas es inaplazable.

Opción verde

El uso de las algas en la producción de biocombustibles es bastante promisorio y ventajoso, dado que otros biocombustibles que actualmente se desarrollan en varios países provienen de cultivos vegetales empleados en la alimentación, como es el caso del bioetanol a partir de la caña de azúcar o del almidón de maíz.

El cultivo de algas, a diferencia de estos recursos vegetales, no requiere del uso de tierras fértiles, no necesita lluvia, no requiere de grandes cantidades de agua además de que ésta se puede reciclar, no se trata de un sistema de producción estacional como el de los vegetales, y, lo más importante en estos tiempos de escasez alimentaria, no compite por materias primas con los sistemas actuales de producción de alimentos.

Frecuentemente, al pasar junto a un estanque de algas consideramos que sólo es agua sucia; sin embargo, las ventajas del cultivo de algas hará que la población se dé cuenta gradualmente de que constituye una opción atractiva en el mediano y largo plazos para la generación de biocombustibles en biorrefinerías y para la resolución de problemas ambientales.

 

 

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