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El Swachh Bharat, los parias y una práctica humillante


Desde el púlpito del magnífico Fuerte Rojo de Delhi, el Primer Ministro Narendra Modi planteó el tema de la limpieza y tuvo como objetivo hacer que la India sea libre de la defecación al aire libre en 2019, año en que coincidió con el 150 aniversario del nacimiento de Mahatma Gandhi. Un Swachh Bharat (India limpia) sería, después de todo, un tributo apropiado al padre de la nación. Integrada a la idea de Swachh Bharat estaba la dignidad de las mujeres. Terminar con la defecación al aire libre y construir baños significó que se les proporcionaría espacios seguros y privados. Pero faltaba en la conversación la dignidad de un grupo importante de mujeres: las barredoras manuales.

Si bien la violencia y el asalto sexual pueden ser un problema que enfrentan todas las mujeres en la India, no se puede negar el hecho de que los crímenes más reprobables están reservados para las mujeres de la casta de los parias. Cuando la casta se combina con el patriarcado, forma una combinación letal que empuja a las mujeres a la profesión más deshumanizadora posible. La violación de los derechos de una mujer paria y la injusticia que enfrenta tiene una larga y dolorosa historia.

Estadísticamente hablando, los crímenes contra los parias han aumentado en un 746% en los últimos diez años. Se comete una atrocidad contra un paria cada 15 minutos y 6 mujeres parias son violadas cada día. La mayoría de los casos no se registran ni se toman medidas y los perpetradores son en su mayoría liberados. Una mujer paria que se dedica a ser barredora manual, es decir dedicarse a la extracción manual de excretas humanas no tratadas de inodoros de cubo o letrinas de pozo con cubos y palas, está expuesta a estos peligros mucho más que una mujer paria que trabaja como maestra o en una oficina del gobierno. Bezwada Wilson, ganador del premio Ramón Magsaysay, afirma: “Dentro de las familias paria, las mujeres son las que limpian las excretas humanas de las letrinas de pozo seco porque esta tarea ofrece los salarios más bajos, los hombres son más propensos a limpiar las excretas humanas en las líneas ferroviarias y alcantarillas donde los salarios son más altos “.

El informe de Human Rights Watch muestra que de todos los involucrados en la recolección manual de letrinas y en la eliminación de excretas humanas, el 95% son mujeres. Significativamente, mientras que a los hombres se les paga en efectivo, a las mujeres generalmente se les paga en especie. A los hombres se les pagan alrededor de 300 rupias (4,3 dólares) por un día de trabajo y a las mujeres, si se les paga, se les paga entre 10 y 50 rupias (0,14 – 0,71 dólares) por mes.

Debe hacerse mención del antiguo sistema de Jajmani. Este es un sistema que se traduce en derechos de propiedad para limpiar un número específico de inodoros. El sistema de Jajmani era hereditario y matriarcal, se transfería de suegra a nuera. Estos derechos de propiedad significaban que los matrimonios se hacían sobre la base de que la cantidad de letrinas que limpiaba una mujer era igual a la cantidad de alimentos que llevaría a casa. El Informe de Exclusión de India 2016, declaró, “Estos derechos son equivalentes a los derechos de propiedad y se pueden comprar y vender, siempre en relación con las mujeres de la familia. En tiempos de crisis, estos documentos de Jajmani también se empeñan para pedir dinero prestado”. Esta es precisamente la razón por la cual las mujeres se encuentran en doble desventaja: la construcción de más y más baños tendrá un impacto negativo en las vidas de estas mujeres parias de la subcasta, a menos que haya políticas armadas para su adecuada rehabilitación.

A medida que avanza el plan de gobierno para la construcción de nuevos inodoros, surge la pregunta de cómo se vaciarán los pozos negros de estas letrinas. Porque por ahora, son las mujeres las que se arrastran en los hoyos de estas letrinas con sus cestas, las llenan con excretas humanas y las llevan sobre sus cabezas. Las excretas no solo filtran en sus cuerpos al exponerlos a numerosas enfermedades, sino que también las convierten en objeto de burlas y discriminación por parte de las llamadas castas superiores, exponiéndolas a amenazas sexuales, empujándolas a la segregación y negándoles el servicio público.

Un informe presentado a las Naciones Unidas por Rashtriya Gramin Abhiyan brinda detalles sobre los riesgos para la salud que enfrentan estas mujeres: diarrea, vómitos, problemas respiratorios por inhalación de metano y sulfuro de hidrógeno y trastornos de la piel, anemia, tracoma y envenenamiento por monóxido de carbono e infecciones graves como la leptospirosis, Hepatitis y Helicobacter. Para combatir el hedor de las excretas derramadas, la mayoría de estas mujeres fuman chilum, lo que daña aún más sus cuerpos, afectando no solo a su propia salud sino también a sus bebés.

Entonces… ¿Por qué estas mujeres continúan trabajando en estas condiciones subhumanas? Sin mucha ayuda del gobierno, las mujeres se ven envueltas en un círculo vicioso de castas y dominación patriarcal. El Informe de Exclusión de la India señala: “Ningún brahmán o miembro pobre de alguna casta que no sea paria, no consideraría nunca este trabajo de barrido, ni siquiera en un estado de completa penuria e inanición. Aquí es donde es importante entender qué tan básico es la casta de uno para la ocupación y los medios de vida. Si se opone a la opresión de castas, corre el riesgo de perder su sustento y, a menudo, incluso su vida. El modo de subsistencia de la recolección de residuos es, irónicamente y de hecho, la única seguridad que tiene la comunidad, ya que no hay competencia”. Hablar de rehabilitación involucra un compromiso serio por parte de las autoridades gubernamentales dirigidas a estas mujeres que se dedican al barrido de excremento.

El gobierno indio constituyó la Corporación Nacional de Finanzas y Desarrollo de Safai Karamcharis (NSKFDC, por sus siglas en inglés), da 40.000 rupias (570 dólares) a recolectores manuales, en cuotas mensuales máximas de 7.000 rupias (100 dólares). Al igual que otros esquemas iniciados por el gobierno con buenas intenciones, este plan ha fallado su prueba de implementación debido a que los pagos se retrasan y la corrupción lo ha avasallado.

La Comisión Nacional para las Castas Programadas ha dejado claro que, aunque los recolectores de excrementos femeninos tienen derecho a un préstamo de 1.500.000 rupias (21.404 dólares), el plan de autoempleo para la rehabilitación de los carroñeros manuales ha recibido una cantidad insignificante de dinero. El gobierno central pinta un cuadro diferente y afirma haber rehabilitado alrededor del 90% de los más de 11.000 barredoras manuales identificadas. Cualesquiera que sean las figuras, las realidades del campo no coinciden. En esta esclavitud hereditaria basada en la casta, las mujeres siguen sufriendo, atrapadas en la servidumbre por deudas y a merced de usureros.

Mientras los pagos del gobierno llegan a las cuentas bancarias de estas mujeres, los estados también proponen soluciones innovadoras, como Kerala, donde el ministro de finanzas, Isaac Thomas, anunció su voluntad de detener esta práctica perversa y declaró que se usará un robot para limpiar alcantarillas y pozos.

Para 2019, se espera que Swachh Bharat llegue a todos y no sea solo una mera cita de números, además de que no solo sea el fin de la defecación abierta, sino también el fin y la rehabilitación de las barredoras manuales de excremento, no solo en el papel firmado sino en la práctica con la dignidad y la seguridad que corresponda.

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