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En Ciudad de México, compras o te asaltan

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«No digan que los estoy amenazando para que me compren» fue la última frase que dijo el vendedor de dulces que se subió a la ruta que sale del centro comercial Santa Fe en la Ciudad de México y llega al World Trade Center en la colonia Nápoles.

En México, ex convictos suben a los camiones a vender dulces para tener un ingreso, el argumento de su discurso es que acaban de salir de la cárcel, ya no quieren seguir robando y por eso suben a los camiones o buses a ofrecer dulces, piden que les «echen la mano», frase que se usa en el país para pedir ayuda.

Por lo regular, en los viajes que me han tocado son pocos los pasajeros que les compran, pero ayer fue la excepción, subió un joven de 30 años aproximadamente, tez morena y cuerpo fornido; su actitud era acelerada y tenía un tono de voz grueso, se subió en el tramo del pueblo de Santa Fe, nos dijo «buenas tardes gente, échenme la mano, les traigo dos paletas con chile, están en cinco pesos -mientras lo decía pasaba apresuradamente entregando los dulces a cada pasajero- no me vayas a despreciar», decía en tono amenazante.

Pasaba de un asiento a otro. La práctica que suelen hacer estos vendedores es que primero te dan los dulces de forma forzosa y luego pasan para pedirte el dinero o a tomarlos de vuelta. En el metro quienes los venden son personas que se identifican como sordomudas, agrupan los dulces en un paquete y ponen una nota con su precio junto con el lenguaje de señas, y si no los tomas te los ponen en las piernas.

Pero el caso de este joven fue particular, la mayoría de los pasajeros le compró. ¿Habrán viso lo mismo que yo? En su espalda se veía un bulto, parecía una pistola sostenida en su pantalón, no se podía ver lo que era, pero sí imaginar. Tomé los dulces porque su tono de voz me intimidó y cuando volteó para dar la segunda vuelta, vi lo que parecía un arma detrás de su espalda, de inmediato busqué en mi mochila mi cartera, lo hice de forma discreta y nerviosa para que no viera lo que traía, saqué los cinco pesos y se los di.

Al terminar de recoger el dinero, porque la mayoría le compramos, se puso junto al chofer mirándonos, pensé «ya valió la compu», respiré profundo y pedí mentalmente que se apiadara de sus compradores amenazados que compramos sus dulces, no sé si funcionó eso, pero se bajó. Suspiré.

La zona en la que aconteció el hecho pertenece a la delegación Álvaro Obregón de la Ciudad de México, una de las seis demarcaciones con mayor cantidad de denuncias relacionadas con narcomenudeo. En cuanto al registro de índices delictivos tiene en semáforo rojo en homicidios, narcomenudeo, robo a vehículo, robo a casa, robo a negocio, lesiones y violación.

No sé si esta forma de venta-amenaza se pueda denunciar pero no nos hace sentir seguros a los habitantes de la Ciudad de México.

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