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“Los Chulos de México”: ¿Cómo opera la trata de personas en la CDMX?

  1. México ocupa el quinto lugar en América Latina como país de origen de la trata de personas y el sitio número 28 a nivel mundial, según información de la Organización Internacional para las Migraciones.

De La Merced a Sullivan, de la Roma a Calzada de Tlalpan, de Buenavista a La Condesa. Son parte de los 13 corredores de explotación sexual que funcionan prácticamente a cualquier hora del día y de la noche en la Ciudad de México.

Mexicanas, principalmente de estados como Tlaxcala, Puebla, Hidalgo, Michoacán y Guanajuato, pero también centroamericanas y en las altas esferas del negocio del tráfico y explotación sexual  sudamericanas y europeas, forman parte del ejército de estos corredores.

En México, hay 500 mil personas que son explotadas en la prostitución, el 90% son mujeres y niñas. Foto: Wiper México

Desde los años 70, los proxenetas  «padrotes» han desarrollado todo un manual de conquista y engaño que se transmite de padres a hijos. En menos de tres meses tienen que enamorar a su objetivo. Huelen a las más débiles y saben cómo ilusionarlas con promesas de una vida mejor. «Verbo mata carita», dicen ellos.

No tienen que ser guapos sino saber convencer a sus víctimas. Son psicólogos, depredadores, seductores macabros. Y siempre cumplen la regla de oro: jamás enamorarse de su mercancía.

Un gramo de cocaína se vende una vez. Una mujer puede venderse hasta 40 veces al día. Esta es la filosofía con la que operan los tratantes mexicanos «sin mancharse las manos».

Los “chulos” mexicanos, prefieren no comerciar con droga sino con mujeres y niñas. Muchos las secuestran. Pero otros, las enamoran.

Así lo cuenta Enrique, de profesión padrote, quien formaba parte de un clan familiar que enamoraba a mujeres y a niñas para luego prostituirlas durante varias generaciones. Eran Los Garfias, una de las familias de padrotes más importantes de La Merced, el barrio de prostitución más grande de América Latina.

Durante más de ocho años, la familia de Enrique compuesta por Mario, su hermano mayor , y Esperanza, su madre, se convirtió en el terror de este barrio, eran proxenetas dedicados a prostituir y maltratar a cientos de mujeres a las que denominaban como «la mercancía».

Según dicen, la prostitución es el oficio más antiguo del mundo. Foto: Charles LeBlanc.

Los Hermanos Garfias reconocen que disfrutaban del dinero y del poder. Con lo que ganaban sus víctimas compraban coches, ropa de diseño, teléfonos móviles y apartamentos amueblados.

En una entrevista para el diario El País, ambos dicen no tener conciencia de estar cometiendo ninguna maldad. «Yo había visto a mi madre trabajar de prostituta. Creía que era lo normal. Las consideraban una mercancía, la cual les  proporcionaba el dinero con el que mantenían a su familia».

Para Los Garfias las mujeres de familias pobres y conflictivas eran un blanco fácil. «Tenían falta de afecto, y nosotros nos aprovechábamos de ello», confiesa Mario Garfias, que lleva un tatuaje de un escorpión en el cuello y otro de una mujer desnuda encadenada en el antebrazo.

«No hay nada más fácil que engañar a una mujer que no se quiere a sí misma y cuya autoestima está por los suelos. Primero aumentaba su amor propio y luego, cuando estaban conmigo, se los destruía», asegura.

Los hermanos también ejercían control psicológico sobre sus víctimas, amenazándolas con hacer daño a su familia si se negaban a trabajar o intentaban escapar. Mientras el hermano mayor cortejaba a las víctimas, estas compartían detalles familiares, como el nombre de sus padres y dónde vivían.

Controlaban prácticamente cada paso que daban sus víctimas: cuándo podían comer y dormir, con quién podían hablar y en qué esquina se tenían que poner. «Tenían que pedir permiso para todo. Nunca estaban solas«, explicó uno de los hermanos.

En los hoteles y casas de La Merced había prostíbulos con habitaciones separadas por sábanas. Estos personajes sobornaban a la policía para que les diese el soplo cuando iba a haber una redada, y empleaban a vigilantes callejeros para que detuvieran a cualquiera que intentase escapar.

Pero, en 2003, una chica de 16 años consiguió huir de la familia. Su testimonio ante la policía acabó con la detención y la condena de Los Garfias, acusados, entre otros delitos, de explotación sexual infantil, algo que ellos jamás habían imaginado que pudiese ocurrir, aunque 12 años después fueron puestos en libertad.

Al estar en la cárcel, Los Garfias se encontraron con un sacerdote que los introdujo a la Biblia,  ahora al ser cristianos, se dan cuenta que obraron mal y que no debieron hacer todo lo que hace algunos años ejercían en La Merced. Uno de los hermanos  incluso, se encontró con cinco de sus víctimas y les ofreció perdón, uno que difícilmente puede ser otorgado después de sufrir tanto maltrato físico y psicológico.

En México, la forma más frecuente de la trata de personas es obligar a las mujeres y a las niñas a trabajar como prostitutas. Según la organización pro derechos humanos Walk Free Foundation, en el país cerca de 380 000 personas se encuentran atrapadas en las variantes modernas de la esclavitud, entre ellas la prostitución forzosa. Suele ser un negocio familiar. Normalmente, las víctimas conocen a sus explotadores y viven en la misma comunidad.

 

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