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Mujeres indígenas son "enganchadas" para cometer delitos contra la salud


Por la extrema pobreza, en la Sierra Sur del estado mexicano de Oaxaca el maíz ha sido sustituido por la amapola y las mujeres indígenas son “enganchadas” para cometer delitos contra la salud.

En la zona conocida como los Coatlanes, del distrito de Ejutla, una región considerada de muy alta marginación y muy bajo Índice de Desarrollo Humano, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la pobreza tiene a los hombres fuera de su comunidad por la emigración, y a las mujeres en la cárcel.

Varias mujeres indígenas de esta zona purgan condenas por narcotráfico en cárceles de Oaxaca, juzgadas por personas que no hablan su lengua, y sumidas en una ignorancia total sobre el sistema legal o medios económicos para defenderse, por la falta de oportunidades y acceso a una vida distinta, explica la investigadora Concepción Núñez Miranda.

En 2006, Concepción fue la encargada de recolectar una docena de testimonios en el penal de Santa María Ixcotel, en Oaxaca, de voz de mujeres reclusas. Todo ello derivó en la grabación de un video titulado “Deshilando condenas, bordando libertades” que obtuvo el premio José Rovirosa al mejor documental 2005, el cual es otorgado por la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México.

La filmación dirigida por Tonatiuh Díaz, del Centro de Video Indígena “Ojo de agua comunicación”,  narra la situación de injusticia que vive un grupo de mujeres acusadas de narcotráfico, muchas de ellas orilladas a cometer estos ilícitos como resultado de su marginación, pobreza e ignorancia, por lo que son utilizadas como “burritas” para transportar droga.

“Las mujeres sufren además de la privación de su libertad, la humillación, tristeza, dolor, sufrimiento, altos grados de depresión, imposición, castigo y olvido. En términos generales, están marcadas por una violación constante de sus derechos humanos más elementales. Nosotras pedimos ante las autoridades una amnistía. No sé si ese término jurídico exista para ellas porque normalmente se otorga a los presos políticos, pero pedimos que las perdonen, que las perdonen por ser pobres”, expresa Núñez Miranda.

HISTORIAS DE INJUSTICIA

Estela trabajaba como sirvienta con una señora a la que hizo su comadre. Continuamente viajaban a la ciudad de Oaxaca para comprar productos y venderlos en el pueblo. Un día esa señora pidió a Estela que se adelantara al autobús y llevara su equipaje. Su patrona la alcanzó pero bajaron a Estela del autobús porque habían encontrado algo en la maleta que traía.

Los policías le preguntaron “¿cuántos kilos llevas?”, y Estela no supo qué contestar. “No te hagas”, le insistían. Abrieron la maleta y encontraron tubos rellenos de mariguana. Pese a que ella negaba ser la propietaria de la maleta y que desconocía su contenido, el Ministerio Público le dijo: “Di que fuiste tú para que salgas”. Y así lo hizo sin pensar que permanecería en prisión y que su comadre no la ayudaría. “Me sentenciaron a 10 años de cárcel”, dice.

Angelina estuvo en prisión porque cuando se dirigía en un autobús hacia la ciudad de México, donde pretendía trabajar. El camión se detuvo en un retén y la bajaron porque los militares descubrieron que debajo de su asiento había una mochila con mariguana. Ella asegura que el hombre que iba detrás de ella en el autobús empujó con los pies la mochila hacia su asiento y le dijo a los militares que no era de él sino de Angelina.

Zoyla Salinas vendía productos alrededor del penal. En una ocasión una señora se le acercó y le pidió de favor si podía entregar una bolsa con alimentos a un interno que era su primo. Ella aceptó, pero antes preguntó qué tenía la bolsa y la mujer le respondió que eran tomates y chiles. No era así. Uno de los custodios encontró en la bolsa 42 gramos de mariguana. Zoyla estuvo recluida durante más de seis años acusada de posesión de droga, mientras los grandes capos y de la delincuencia organizada pasean su impunidad por el país, en complicidad con autoridades.

“Yo no soy narcotraficante, como dicen allá afuera. Lo que pasa es que nunca vino un abogado para que me defendiera, sólo vino un licenciado para decirme: ”Tienes 15 años de sentencia, así es que aguantate””, narra Anacleta, quien dejó solos a sus cuatro hijos.

Tomasa fue detenida por hacerle el encargo a un señor de llevar una caja a la ciudad de México en la que llevaba 10 kilos de mariguana.

¿Y AHORA QUÉ?

Cuando estas cinco mujeres indígenas que aparecen en el video estaban en reclusión, pensaban en lo que harían el día en que recuperarán su libertad. Ahora que lo están -tras intensas gestiones de diversos organismos civiles como resultado del interés provocado por el trabajo de Tonatihu Díaz, y el beneficio otorgado por el programa de excarcelación de la Comisión Nacional de Pueblos Indígenas-, a las ex reclusas les surgen varias preguntas: “¿Qué voy a hacer cuando salga, hacia dónde voy, quién vendrá por mí, dónde voy a vivir, qué dirán en mi pueblo, cómo serán ahora mis hijos, de qué voy a vivir?”

 

 

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