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Las plataformas de reparto, en peligro si tienen que contratar a sus repartidores

  1. Las plataformas de reparto a domicilio se enfrentan en España a la posible obligación en un futuro cercano de tener que contratar a sus repartidores o 'riders' como asalariados, lo que podría poner en cuestión su modelo de negocio.

La polémica no abandona las plataformas de reparto de comida en España. Compañías como Deliveroo, Glovo, Just Eat o Uber Eats son cuestionadas casi a diario por su modelo de negocio y las condiciones laborales de sus repartidores. La última oleada de críticas ha llegado tras las declaraciones de Óscar Pierre, fundador de Glovo.

Al cuestionarle sobre la posibilidad de que el Tribunal Supremo llegase a fallar en contra del modelo del repartidor autónomo, como ya ha ocurrido en instancias inferiores, el consejero delegado de la compañía aseguró que “sería una buena faena” y reconoció que tendrían que cambiar el perfil del mensajero.

En el caso de Glovo, que tiene más de 21.000 repartidores en toda España, la inspección de Trabajo ha rechazado la legalidad de este modelo de negocio en Barcelona, Madrid o Valencia. Incluso, en esta última ciudad, una juez dio la razón a un repartidor por considerar que no era un trabajador por cuenta propia sino un asalariado más de la empresa.

Víctor Sánchez, un repartidor en bicicleta de Deliveroo que fue despedido sin motivo en junio de 2017, ha llegado a asegurar que la compañía le ofreció “más de cinco cifras”, según recoge el diario El País, pero que rechazó el pacto. La decisión judicial declaró el despido improcedente no nulo y Víctor recibió una indemnización de 705,13 euros.

Óscar Pierre defendió este jueves en rueda de prensa que el 79% de sus repartidores están satisfechos y que las quejas que más hacen llegar a la empresa se refieren a la cantidad de tiempo que deben esperar por los pedidos.

Además, afirmó que los “colaboradores” de Glovo buscan “libertad y flexibilidad” y la “seguridad” del seguro privado que ofrecen. Si bien es cierto que este seguro se implantó apenas en marzo de este año y que los repartidores pagan por él.

Manel Pujol, director general de Uber Eats en España, también ha defendido que sus trabajadores sean autónomos. En una entrevista con La Vanguardia afirmó que la media de “conexión” de los ‘riders’ a la aplicación es de 15 a 18 horas semanales. Asegura que tienen total libertad para decidir cuánto y cómo trabajan.

Pujol reconoció en esa misma entrevista que, si tuvieran que cambiar la relación con sus repartidores, probablemente no existirían. “Dejaríamos de tener sentido”, llegó a decir para después matizar que no es capaz de asegurar si el negocio sería viable si tuvieran que adaptar el negocio para tener asalariados.

Otra de las críticas más repetidas por algunos de estos falsos autónomos es la de que, al rechazar un pedido llegan menos los días siguientes. Al parecer, las aplicaciones de estas compañías reducen el “karma” del usuario cuando se niega a aceptar una entrega y se reduce el trabajo que puede hacer durante un tiempo.

Si en algo coinciden estas empresas es en que, a pesar de ofrecer un puesto de trabajo estresante y precarizado, tienen un amplio campo de cultivo entre las personas que necesitan el dinero. Un 14,9% de los españoles en edad de trabajar no encuentran empleo y cualquiera de ellos puede coger una bicicleta e ir de un lado a otro repartiendo comida.

El drama de la llamada “economía colaborativa” es que muchos de los que deciden tomar este camino son inmigrantes irregulares e incluso personas sin techo que, con solo un móvil, pueden ganar varias decenas de euros a la semana.

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