Tijuana, la ciudad que sobrevive a la violencia

Tijuana, la ciudad que sobrevive a la violencia

  1. La frontera más transitada del mundo y zona estratégica para todo tipo de actividades ilegales, se sobrepone a la violencia por una frágil tregua entre organizaciones criminales

Tijuana, la frontera más transitada del mundo y zona estratégica para todo tipo de actividades ilegales, desde hace al menos un siglo, se sobrepone a la violencia por una frágil tregua entre organizaciones criminales y gracias al espíritu emprendedor de sus habitantes, oriundos de diferentes ciudades del país, así como del extranjero.

Empresarios, organizaciones civiles y jóvenes, se encargaron de reactivarla rescatando espacios públicos olvidados tras la ola de violencia que se desató en 2008 y dos años después alcanzó sus más altos niveles con saldos de hasta 800 ejecuciones mensuales, de acuerdo con datos de investigadores del Colegio de la Frontera Norte (Colef).

En su caso, el profesor de este centro de investigación, Vicente Sánchez, señala que a pesar de que las autoridades se atribuyen éxito en la disminución de la inseguridad, desde 2015 ha crecido.

Mueren 185 personas por mes, seis por día, en esta frontera. Y es que según datos de la Secretaría Estatal de Seguridad Pública, hasta septiembre de este año Tijuana registró mil 667 homicidios dolosos con arma de fuego, 9 por ciento más que en 2017.

Hace un año, Tijuana fue la tercera ciudad más violenta de México y la quinta a nivel mundial, sólo superada por Los Cabos y Acapulco, de acuerdo con información del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal (CCSPJP).

Para Sánchez, el reacomodo de los cárteles es parte de una curva que lleva a la violencia en ascenso en toda la República. Pero no es lo único.

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Imagen: cortesía de afectados

Prueba de ello son incidentes -además de los homicidios- como la quema de negocios, entre ellos Ingeniería Agrícola de la Paz SA (IAPSA), una empresa con sede en Baja California Sur que se instaló hace 18 años en la zona de Otay, en Tijuana, al observarla como un buen mercado para la venta de conexiones para riego y agua potable.

En enero pasado el negocio ubicado en la carretera al aeropuerto y propiedad de una familia oriunda de La Paz, fue incendiado, perdiendo el local y 70 por ciento de su mercancía. Los propietarios denuncian que las autoridades locales no ayudaron a esclarecer los hechos.

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Imagen: cortesía de afectados

Y es que el gobierno no invierte en las ‘zonas calientes’ de la ciudad, puntos de reclutamiento para las organizaciones criminales. La alta peligrosidad de colonias como Centro, Zona Norte, Mariano Matamoros, 10 de Mayo o La Presa, se debe al crecimiento desordenado que deriva en falta de servicios e infraestructura, “la ciudad está en situación crítica, como ocurrió antes”, sostiene Vicente Sánchez.

Cabe recordar que Tijuana es la quinta urbe más poblada de México, con 1.6 millones de habitantes, según la Encuesta Intercensal 2015 del INEGI.

Pero la de Tijuana es una historia que se cuenta a pedazos, como los pedazos de patria con los que está hecha. Es una historia de muros, migrantes, balazos y esperanza.

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Imagen: Carlos Bravo

La Tijuana violenta

Hace al menos 80 años en Tijuana se empezaron a desarrollar las primeras redes de delincuencia organizada que operaban a través de la frontera México-Estados Unidos.

Armando Rodríguez Luna, del Colectivo de Análisis para la Seguridad con Democracia (Casede), indica que el cartel de los Arellano Félix sometió a la clase empresarial y política a través de una estructura de poder basada en el uso de la violencia, presión y cooptación.

El poder de los Arellano se vio mermado con la llegada de Jorge Hank Rhon a la alcaldía de Tijuana (2004 a 2007). El empresario de los casinos “Caliente” y del Hipódromo Agua Caliente, lo consiguió gracias al respaldo político del PRI en el Estado de México.

“Tijuana es una zona estratégica para todo tipo de actividades ilegales. Desde hace al menos un siglo, es muy particular en muchos sentidos”, expone.

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Imagen: Carlos Bravo

La organización de los Arellano fue desmantelada, pero quedan remanentes. Vicente Sánchez advierte que esos espacios actualmente son ocupados por los cárteles de Sinaloa y el de Tijuana Nueva Generación, que disputan el territorio.

“Ese tipo de alianzas nunca son permanentes, son relaciones muy frágiles, siempre está de por medio la disputa por el liderazgo, el control del mercado y la violencia como medio de someter y llegar a acuerdos”, explica.

Según Sánchez, estos pactos han modificado la forma en que se ejerce violencia en la ciudad, aunque visible, es menos escandalosa.

“La forma en que está ocurriendo la violencia es distinta a la de años anteriores que era en cualquier espacio, ahora son selectivos y van sobre la víctima que después aparece colgada o sin cabeza”, expone.

Autoengaño, estrategia contra el caos

El abandono de los espacios públicos en esa ciudad fronteriza comenzó en 2008, cuando la violencia se disparó con saldos de hasta 800 ejecuciones mensuales, de acuerdo con Valenzuela.

Advierte que los tijuanenses fueron expropiados de su propia ciudad y cuando cayeron en cuenta de lo ocurrido, reaccionaron.

“Desde el campo del arte, cultura y del accionar juvenil, la gente buscó la recuperación de espacios, volvió a tratar de salir a tomar Tijuana y es en ese contexto donde se da la resignificación de la ciudad”, explica Valenzuela, coordinador del libro ‘Transfronteras: Fronteras del mundo y procesos culturales‘.

Prueba de ello es la Calle Sexta, en donde Tijuana olvidó la violencia y retomó la fiesta. Esta calle topa con la histórica avenida Revolución, la ‘Revu’ que nunca duerme, la de los ‘curios shops’, bares tradicionales como el Nelson y actualmente modernos desarrollos inmobiliarios y salas de degustación de cervecerías artesanales locales.

Vicente Sánchez, coordinador del libro ‘Violencia e inseguridad en Baja California al inicio del siglo XXI’, señala que los jóvenes pusieron de moda la Sexta, abarrotaron bares en los que solían reunirse albañiles y les cambiaron la cara.

“La sociedad reaccionó con mensajes de aglutinamiento para ganar el espacio y generar una imagen distinta de la ciudad, es parte de un trabajo colectivo”, precisa.

Y refiere que a pesar de que la violencia no da tregua, es percibida de diferente forma.

“Aunque ahora estamos con registros muy elevados comparados con años previos, la percepción social no es tan claramente orientada en ese sentido, creo que hay personas que se malacostumbraron a convivir con esto y a generar sus propias estrategias y no autogenerarse una situación de ansiedad y estrés”, refiere.

Ir a Tijuana para no volver: entre mala publicidad y oportunidades

“Había más matazones en los 60’s que ahorita, pero no existía la mala publicidad que se hace ahora. Les dices que vas a Tijuana y te responden ‘nombre, ya no vas a regresar’”, indica Manuel Acevedo, propietario de Shop 12 una peletería que abrió sus puertas en 1927 en el Pasaje Condominio de la Revu.

Nació en Zacatecas y hace casi seis décadas llegó a Tijuana, su objetivo era cruzar la frontera, pero se quedó detrás del alambre de púas que en ese tiempo dividía a los dos países.

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Imagen: Anabel Manzano

Antes de llegar a esta frontera, vivió en un rancho, su padre era amansador de caballos y desde los ocho años Manuel se dedicó a las suertes de la charrería. Fue gracias a su abuelo que aprendió a trabajar el cuero, habilidad que lo hizo desistir del american dream sesentero y quedarse en Tijuana.

“Llegué con mi papá y mi hermano el 11 de junio de 1960, teníamos la mira de ir al norte, la migración en aquél entonces era muy fácil. Nos iban a arreglar la carta de trabajo, pero el tío nos envolvió, dijo que nos quedáramos”, recuerda.

Manuel tenía 14 años y no más instrucción que la heredada de su familia: fabricar monturas y arnés para caballos. Carecía de máquina de coser, así que lo hizo a mano y en punto de cruz, como le enseñó su abuelo.

“Compré como siete dólares de material y les saqué casi cien, dije ‘de aquí soy’. Me puse a coser chalequitos y en las orillas les ponían punto de cruz con piel, quedaban muy bonitos”, asegura.

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Imagen: Anabel Manzano

Cruzó a California sólo para llevar comida a dos de sus tíos, recuerda que era como pasar debajo de un potrero “nomás levantábamos el alambre, nos agachábamos e íbamos a dejar la comida. Los gringos nos vigilaban desde un jeep, pedían que regresáramos, pero no hacíamos caso. Luego ya ni nos decían nada”.

José Manuel Valenzuela del Colef, señala que Tijuana creció como una ciudad con pedacitos de patria por la llegada de personas de todos los rincones del país, especialmente entre 1942 y 1984 debido al Programa Bracero. Al menos la mitad de los residentes de la ciudad no son de otros destinos.

El crecimiento de Tijuana está vinculado con la economía de San Diego, ya que hasta 1916 carecía de vías de comunicación con el resto de México. Actualmente más de un millón de personas cruzan diariamente la frontera Tijuana-San Diego, de las que 678 mil son peatones y el resto conductores y sus pasajeros. De igual forma más de 70 mil camiones de carga comercial incluidos vagones de tren, de acuerdo con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza.

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Jardín de la Amistad y el muro. Imagen: Carlos Bravo

“La migración es una marca indeleble en la historia social, cultural, económica y demográfica de Tijuana, pero en los últimos años hemos visto la disminución del empleo y del crecimiento de la ciudad por migración”, indica Valenzuela.

Alejandra Castañeda, coordinadora del Observatorio de Legislación y Políticas Migratorias de El Colegio de la Frontera Norte, menciona que uno de los principales flujos de migrantes que pasaron por Tijuana fue el de cubanos, cuando Barack Obama dio por terminada la política de “pies mojados, pies secos”, que permitía a los cubanos que llegaban a EU sin visas, quedarse en el país.

En 2016 la ciudad estuvo al borde de una crisis humanitaria por el flujo de haitianos que, a diferencia de los cubanos, se volvieron parte de su vida cotidiana: son comerciantes, empleados y estudiantes. Esto ocurrió debido a las políticas migratorias de Donald Trump.

Tijuana también acoge a ciudadanos de Venezuela, países de Asia como como Bangladesh, Pakistán, India y de África: Ghana, Guinea y Angola. Todos buscaban asilo humanitario en Estados Unidos

La investigadora observa un panorama negro para los migrantes en el país vecino, por el ataque frontal de Trump, lo que seguirá propiciando la llegada (para quedarse o no) de personas de todas nacionalidades a esta ciudad fronteriza.

La Mexican Prada es de Tijuana

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Imagen: Anabel Manzano

A sus 72 años, en Shop 12 Manuel Acevedo reinventó las bolsas Prada, Luis Vuitton y Gucci, con un peculiar estilo Made in Borderland.

“Los diseños los va uno copiando por tanta bolsa china que hay de marca. Uno ve novedades y trata de salirse un poco de lo que marca la Luis Vuitton, Gucci o Prada. Aquí Mexican Prada. La gente que no está acostumbrada a ver esto nos compra para llevar algo original a su tierra”, sostiene.

El negocio lo inició su tío, Manuel trabajaba como cajero del turno nocturno de 8 de la noche a 8 de la mañana, porque el auge era tal que la tienda no cerraba y las ganancias oscilaban entre 800 y mil 200 dólares.

“En el 65 traía mi Mustang del año con máquina 250 en línea, estándar, color rojo-naranja, el primero que salió”, afirma orgulloso.

A los cinco años de ayudarle a su tío, Manuel se independizó. Extrañaba los caballos y como no podía tenerlos se compró una moto. A la fecha también fabrica bolsas para motocicletas.

La cercanía con la frontera no siempre lo favoreció y la caída de las torres gemelas en 2001 mermó la prosperidad de su negocio. A eso se sumó la disputa entre los cárteles de la droga.

“Desde que se cayeron las torres esto va muy lento, la mala publicidad que nos hace Estados Unidos para que la gente no venga”, comenta.

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Imagen: Anabel Manzano

Hace seis décadas Manuel sólo sabía trabajar el cuero, suertes de la charrería, tenía siete dólares para invertir y quería salir del país, pero Tijuana lo acogió.

“A Tijuana la veo como mi casa, la quiero mucho porque me ha dado más de lo que esperaba. Sin tener una preparación gané mi dinerito y formé una familia”, dice.

Con expresión resignada, Manuel confiesa que al morir su negocio desaparecerá pues a nadie de su familia le gusta la idea de hacerse cargo. Apoya sus gruesas manos en el mostrador donde guarda las carteras, mirar sus bolsas colgadas en las paredes y suspira con nostalgia por lo que no permanecerá, pues a sus familiares les desagrada el olor del cuero.

 

 

 

 

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