PERDiENDO TERRENO


Perdiendo terreno.

La situación es desoladora, en Europa la social-democracia representada por la izquierda moderada cae en barrena. Lo curioso es que en su caída está arrastrando a su archienemigo el neoliberalismo. Así, podemos ver a una Merkel chantajeada desde Baviera, a un Macron que cada.mes tiene que hacer frente a una dimisión en su gobierno y a una Theresa May con su mayor adversario entre sus filas, Boris Johnson.
Por su parte la social democracia ha sido completamente borrada del mapa y sólo resiste en España y Portugal.
Los aproximadamente 500millones de habitantes están siendo seducidos por el populismo más rancio y por un nacionalismo que ve en Putin a su referente.
La moderación política en Europa degeneró en buenísimo, y esto ha generado rencor en la población. Quisieron hervir la rana más rápido y la rana saltó del cazo.
Los dos polos representados por políticos muy mediocres creyeron que la gente tragaría. Por un lado hicieron pagar al pueblo las deudas privadas de los bancos. Por el otro, quisieron que toda África y media Asia vinieran a vivir a Europa. Todo esto sin que los europeos protestaran, pero les saltó la rana, el rencor,la desconfianza e incluso la venganza ya estaba sembrada y uno a uno han ido cayendo. De Roma hacia el este la ultraderecha disfrazada de democrática domina y lanza sus tentáculos hacía el oeste seduciendo cada vez a más gente.
Por otro lado la extrema izquierda, con un ideario anti-todo, que piensa que vivimos en los mundos de yupi, da soluciones imposibles al tiempo que sus dirigentes, ya enriquecidos traicionan a sus votantes y a sus propias palabras.
Hombres y mujeres débiles, faciles de ofender, dependientes de un consumismo exacerbado, muy bien preparados académicamente pero con la piel muy fina para el trabajo y el sacrificio.
Ya no se venden trompetas,ahora se compran cañones, cómo dijo el sabio Rothschild….y la historia se repite.
Los tiempos se aceleran, todos somos testigos, todos lo estamos viendo venir, pero nosotros mismos nos hemos atado de manos con nuestras dependencias, con necesidades superfluas que ya forman parte de nuestro día a día y sobretodo de nuestro menguante presupuesto mensual.
Sí, verdaderamente las generaciones futuras tendrán el derecho de borrar nuestros nombres, tal cual se hacía en el antiguo Egipto porque estamos destruyendo lo que con esfuerzo nuestros padres y abuelos lograron construir.
Y lo peor de todo es que el único remedio para ésta desunión, es buscar un enemigo común, es decir, la guerra, sólo hace falta encontrar lo. Bravo,bravisimo

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