Pasaron 55 años para que una mujer volviera a ganar el Nobel de Física


Originaria de Canadá, la doctora Donna Strickland es la tercera mujer en la historia, en recibir el Premio Nobel de Física otorgado por la Real Academia de las Ciencias en Suecia. 

Aunque instituidos en 1895 como la última voluntad de Alfred Nobel (inventor de la dinamita), estos premios que reconocen investigaciones, descubrimientos o contribuciones notables a la humanidad, comenzaron a entregarse hasta 1901 en áreas concretas: Química, Física, Fisiología o Medicina, Literatura, Paz y Física. 

Es en esta última categoría, que hasta la fecha se ha entregado el reconocimiento a 201 científicos de los cuales, solo el 1.5% han sido mujeres; en 1901 a Marie Curie por sus estudios sobre radioactividad, en 1963 a Maria Goeppert – Mayer, por sus investigaciones sobre la estructura interna del núcleo de los átomos y este año a la canadiense Donna Strickland por sus aportes e innovaciones en el campo de la física láser.

La ceremonia celebrada este martes en Estocolmo, ha incluido a la doctora Strickland en esa selecta lista conformada hasta ahora solo por 51 mujeres, que han sido reconocidas con el Nobel. 

“Pensaba que habría más mujeres que habían ganado el Nobel de Física. Tenemos que reconocer a las físicas y supongo que de ahora en adelante habrá más que ganen este premio. Yo me siento honrada de ser una de ellas”, declaró Strickland en rueda de prensa desde Canadá. 

Premio compartido

La doctora Strickland compartirá el Nobel de Física 2018, así como un premio de 870,000 euros con sus colegas, el estadounidense Arthur Ashkin y el francés Gérard Mourou. 

El comunicado emitido por la Real Academia de las Ciencias, destaca que la decisión de premiar a estos tres científicos está sustentada por sus inventos innovadores en el campo de la física láser. 

“Los inventos que se honran este año han revolucionado la física láser. Objetos extremadamente pequeños y procesos increíblemente rápidos ahora se ven bajo una nueva luz. Los instrumentos de precisión avanzados están abriendo áreas de investigación inexploradas y una multitud de aplicaciones industriales y médicas”, señala la Academia.

Por un lado, el doctor Ashkin ha desarrollado una técnica de láser descrita como “pinzas ópticas”, aplicable en el estudio de sistemas biológicos. 

Ashkin inventó las pinzas ópticas que atrapan partículas, átomos, virus y otras células vivas con sus dedos de rayo láser. Esta nueva herramienta le permitió al científico realizar un viejo sueño de ciencia ficción: utilizar la presión de radiación de la luz para mover objetos físicos. Logró que la luz láser empujara pequeñas partículas hacia el centro del rayo y las mantuviera allí. Ese fue el momento en que inventó las pinzas ópticas.

“En 1987, Ashkin utilizó las pinzas para capturar bacterias vivas sin dañarlas. Inmediatamente comenzó a estudiar sistemas biológicos y las pinzas ópticas ahora se usan ampliamente para investigar la maquinaria de la vida”, se lee en el comunicado. 

En el otro extremo, los doctores Mourou y Strickland cimentaron el camino para lograr los pulsos láser más cortos e intensos jamás creados, a través de una técnica denominada Amplificación de Pulso con Chirrido (CPA, por sus siglas en inglés), cuya aplicación servirá entre otras áreas, para la terapia con láser para el cáncer y en las cientos de cirugías oculares correctivas con láser, que se realizan cada año. 

Usando un enfoque ingenioso, lograron crear pulsos láser ultracortos de alta intensidad sin destruir el material amplificador. Primero, estiraron los pulsos del láser a tiempo para reducir su potencia máxima, luego los amplificaron y finalmente los comprimieron. Si un pulso se comprime en el tiempo y se acorta, entonces se empaqueta más luz en el mismo espacio diminuto: la intensidad del pulso aumenta dramáticamente.

La nueva técnica inventada por Strickland y Mourou, pronto se convirtió en estándar para los posteriores láseres de alta intensidad. Sus usos incluyen los millones de cirugías oculares correctivas que se realizan cada año utilizando los rayos láser más nítidos.

Aunque aún no se tiene conocimiento de las innumerables áreas en las que se podrían aplicar estas innovaciones, se celebra en el mundo de la ciencia el que estos inventos estén apegados a los ideales de Alfred Nobel, siempre en beneficio de la humanidad. 

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