WEE Wyverns show off with Spanish flair

El flamenco, alma del pueblo gitano


La identidad de los gitanos, su esencia, idiosincrasia, manera de ser, espíritu o razón incorpórea no se reserva solamente a vistosos prejuicios y ha hábitos retrógrados con retraso madurativo en varios aspectos de su vida cotidiana. Si nos pusiéramos éticos y le buscáramos la quinta pata al gato,  podríamos decir que a los gitanos, en razón de derechos humanos, les falta una vuelta de tuerca, sin embargo eso nunca puede venir de forma inmediata sin un consenso razonable o forzado. Por tirar un ejemplo de lo anterior, al cristianismo le tomó varias cruzadas, cuantiosos antipapas, monarcas soberbios, una guerra de 30 años y la muerte de unos cuantos millares de personas para que las naciones católicas europeas fueran un poquito más tolerantes en el plano religioso. Con los gitanos pasa actualmente lo mismo pero sin grandes conflictos, aunque si contaramos los porraimos… y la marginalización cotidiana en España que dificulta la integración de los gitanos al modelo de sociedad que el poder hegemónico imperante ha establecido.

Existe la idea errónea de que el flamenco es parte del folclore de Andalucía, puesto que eso es más un género escénico que algo propiamente musical.

Con el flamenco se aplica un enfoque profundamente diferente y deja en duda a varios eruditos del plano cotidiano, tirando preguntas bastante peculiares ¿Cómo es posible que esta turba de nómades maliciosos pueden generar belleza entre tanto desorden? Belleza y caos van de la mano en el modo de vida gitano, sin embargo estaríamos siendo prejuiciosos, malvados y perversos contra un pueblo que no puede defenderse ni presentar batalla desde un plano de unidad homogénea, ni siquiera tienen país propio como otras naciones desafortunadas, debido a que hay gitanos de distintos colores, razas, castas, orgullos, amores y promesas, por lo menos son cristianos de buena fe obligada diría algún viejo andaluz.

Volviendo al flamenco y evitando las ramas temáticas, podemos percatarnos de que no es un baile noble como el vals, por el contrario, sus inicios en medio de la humilde miseria y la marginalidad de los oficios burgueses, se hicieron sentir en alguna calle oscura de Andalucía varios siglos atrás. Posteriormente, como todo movimiento cultural artístico con un par de siglos de acarreo ambulante sin interés por lo estático, termina evolucionando, consolidándose y generando una identidad centralizada y vagamente dogmática que Antonio Mairena definió con estas palabras:

La Razón Incorpórea, es algo impalpable e indefinible que se tiene que sentir y respetar para ser un buen gitano. La Razón Incorpórea es nuestro honor, la base de la cultura gitana, el conjunto de nuestras tradiciones y de nuestros ritos antiguos: algo que sólo entiende un gitano como Dios manda y que sólo los gitanos viven. La Razón Incorpórea es intransmisible e ininteligible fuera de nosotros, porque no se puede conocer de verdad lo que no se puede oír. Sólo se nos permite expresarla mediante metáforas. La Razón Incorpórea es la fuente de inspiración inagotable del canto gitano y del cantador, y él la expresa de forma intuitiva a través del duende…

En otras palabras, la verdad desconocida pero definida es la fuente base de la gitanada, un vehículo a través del cual se expresa el alma pura y verdadera, desprovista de todo lo mediocre, insulso y malicioso que los aberrantes adjetivos gentilicios dejan grabado en la cabeza de uno.

El idioma gitano a pesar de tener una lejana raíz indoeuropea y relación de semejanza en su rico vocabulario con la lengua de los nobles brahmanes, el sánscrito, carece de lengua escrita, ergo todo el conocimiento ancestral gitano se transfería de boca en boca volviendo a los jefes del clan una suerte de cantores proféticos con el beneplácito del gentío. No es extraño decir que el flamenco es una especie de relato sonoro en el que está cantada y recordada la historia del pueblo de los trotamundos, cuya nobleza no esta expuesta en escudos de armas o arboles familiares, por el contrario cada familia patricia o miserable de gitanos se hace honra en sus canciones únicas y por ende no estaría mal citar la frase que dice ”Toda la historia del flamenco es un continuo de familias y estirpes gitanas con nombre y apellidos. Cada seguiriya, cada soleá, cada polo y cada caña que tienen un matiz propio que las singulariza del resto, lleva el apellido de una familia o de un cantaor o cantaora gitana que la matizó de esta manera”.

Este registro histórico verbal plagado de alegrías y miserias, antónimos y sinónimos, verdades y verdades exageradas, está expuesto por los dolores de queja y agonía en la canción, en los cuales queda expuesto empíricamente el ”duende” o alma del gitano que lo deja todo para rajar las vestiduras de su realidad como cual personaje bíblico martirizado porque al Flamenco no se le engaña ni se le adorna con meras notas superficiales ni arreglos prodigiosos, ya que sino hay alma o razón incorpórea, si nos ponemos exquisitos, entonces no queda más que un mediocre conjunto de pobres palabras egocéntricas, pero cuando hablamos de pobreza, no nos referimos a un plano material, sino más bien al plano metafísico dónde esta lo que se va a un plano superior según la tradición aristotélica.

Por suerte o por desgracia para muchos, el flamenco es quizás la verdad más conocida del pueblo gitano porque dogmáticamente se canta desde el interior y debido a ello es fácil sentir empatía por la historia ajena y a su vez darse el lujo de participar en ella desde otro lugar. Sin embargo, este tipo de participación no gitana ha tenido un especie de efecto contraproducente que se hizo reconocible al masificarse las comunicaciones y los avances tecnológicos, en palabras más claras, el control absoluto de la elaboración y distribución por parte de la industria del entretenimiento, en su mayoría conformada por personas no gitanas, sobreponen los intereses económicos por sobre la matriz de la música gitana que es  el alabado ”Duende”, obviamente esto no es un drama existencial presente solamente en la música gitana porque siempre, estuvo, está y estará presente esta rivalidad musical entre puristas conservadores y los progresistas innovadores mediocres. Afortunadamente las discusiones entre sofistas musicales nunca llega a tales niveles extremos, ya que nadie quiere inquisidores musicales dando vueltas por ahí.

Es irónico saber que a pesar que los niños gitanos no están en su mayoría escolarizados tienen la virtud de que, aún cuando no saben casi ni hablar, ya saben entonar el cante con total pureza, y antes de andar con soltura, ya saben cómo se da una patá por bulerías. Todavía no han tenido tiempo de aprender matemática o gramática del lenguaje básica, pero saben de flamenco porque lo llevan inscrito en su código genético, donde está guardada la herencia cultural inmaterial de sus ancestros nómadas hasta el fin de los días y las noches.

Se podría concluir que el flamenco es el estandarte de la cultura de los gitanos españoles, su legado al mundo e independientemente de lo que uno pretenda es ilógico pensar que haya flamenco sin gitanos o gitanos sin flamenco.

 

 

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