Para erradicar la violencia sexual en el transporte, se debe eliminar la cultura de dominación masculina, afirman estudios


Actualmente las mujeres sostienen más responsabilidades que los hombres, al mismo tiempo que las condiciones laborales mantienen ambientes de desigualdad. Una de las razones se sitúa en la forma en la que se fincan las tareas de cuidado de los hijos en las mujeres.

Las mujeres llevan a sus hijos al escuela tres veces más que los hombres, realizan más traslados y realmente pocas veces pueden utilizar medios de transporte alternativos como la bicicleta, por entre otras cosas, una cuestión de seguridad; de acuerdo con el estudio Las Mujeres en el Trabajo de la UNESCO en 2016.

De acuerdo con el estudio El porqué de la relación entre género y transporte, del Banco Interamericano de Desarrollo, en promedio, el número de viajes de una mujer aumenta un 23% luego de tener un hijo en la escuela. Esto genera limitantes a la hora de ejercer traslados y vulnera sus formas de moverse, de acuerdo con dicho estudio.

Sin embargo, lo que más ejerce cambios en la forma de moverse de las mujeres es la seguridad; la percepción de ambientes inseguros en las ciudades, se vincula a una cultura de la violencia contra la mujer, que se ha perpetrado durante siglos y que permea actualmente en la mayoría de las sociedades del mundo; el temor a la violación, vulnera muchos de los ejercicios cotidianos de las mujeres.

Conductas como caminar, utilizar el transporte a cierta hora o el modo en el que se hacen los traslados, se restringen por miedo a la violencia sexual en los espacios públicos.1

En ciudades como Rosario, en Argentina, las mujeres admitieron cambiar su rutina en casi un 74% por inseguridad; mientras que los hombres lo hicieron un 59%.

Sin embargo, lugares solitarios o con poca iluminación, no son los únicos escenarios en los que se tiene una percepción de inseguridad, pues en el transporte público 9 de cada 10 mujeres afirmaron haber sufrido algún tipo de agresión sexual, a lo largo de su vida (Zermeño & Placido 2009), ambientes que son en general, de hacinamiento.

Cabe destacar, que este dato no representa la imagen completa, pues 8 de cada 10 mujeres, no denuncian y las que lo hacen argumentan haber sido víctimas de violencia institucional. (Nexos)

En una encuesta, realizada por Thomson Reuters Foundation en 2014, las 3 ciudades con el sistema de transporte más inseguro para las mujeres son, en ese orden: Bogotá, Ciudad de México y Lima. Esto coloca a México como el país en donde la percepción de inseguridad es de las más altas.

Esta percepción de inseguridad que lleva décadas, llevó a crear en 2008 el programa “Viajemos Seguras” en el que se busca prevenir, atender y sancionar delitos sexuales en el transporte público. Dentro de algunas de las medidas que se implementaron fueron de prevención, con vagones exclusivos en varios sistemas de transporte; y de atención, con módulos y Centros de Justicia para mujeres. Sin embargo, luego de 10 años, la percepción de seguridad, dista mucho de haberse alcanzado.

Dentro del Diagnóstico sobre la violencia contra las mujeres y las niñas en el transporte público, ONU Mujeres situó algunos de los escenarios y muchos no son precisamente alentadores.

Este estudio, presenta grupos focales muy específicos con el objetivo de exponer cómo se concibe el problema de violencia sexual y sus medidas. Los resultados resultan alarmantes, toda vez que el acoso y la violencia se toman mayormente como algo inevitable y con la responsabilidad situada, en gran medida, en las mujeres.

Muestra, además una preocupante coordinación por parte de grupos e incluso de los mismos operadores de transporte concesionado, quienes se ponen de acuerdo con los ayudantes para hacer tocamientos, presionan a mujeres a sentarse junto a ellos y si alguien denuncia, procuran no intervenir, pues aseguran que al hacerlo pueden recibir venganzas.

Las personas encuestadas, han descrito obstáculos institucionales que hacen que la denuncia sea un recurso al que rara vez se acude, pese a programas que han buscado incentivarla como una herramienta de prevención y de justicia.

En una encuesta realizada por esta redacción, De 10 mujeres entrevistadas, el 100% ha sufrido acoso y han tenido que cambiar rutas por temor a ser violentadas. El 100% han vivido algún tipo de acoso en el Metro y el 90% se sienten más seguras con la separación de vagones; sin embargo, la percepción general del transporte sigue siendo de inseguro para todas las mujeres.

¿Qué dicen los hombres?

La percepción de la violencia sexual en el transporte, se encuentra alarmantemente normalizada. Los hombres entrevistados afirmaron no sólo que la violencia se da porque las mujeres no se cuidan y porque ellas la provocan, sino que piropos, comentarios no deseados, silbidos y miradas, son considerados por ellos como cumplidos a su autoestima.

El machismo y la cultura de la dominación masculina, es el mayor de los factores de la violencia.

El problema, de acuerdo con estos estudios, es que esta cultura de dominación, permea de manera muy arraigada en las estructuras sociales y se legitima dentro de la sociedad.

Se desestima el acoso y se normalizan formas de violencia que no son consideradas como suficientemente dañinas a las víctimas. Esta permisibilidad, desemboca en carencias en los procesos legales, y aún más grave, propicia formas de violencia mucho más peligrosas. (ONU Mujeres, 2016)

Para combatirla, existen una serie de recomendaciones por parte de organizaciones civiles, así como instituciones como el Colegio de México que se encaminan hacia la legislación y el diseño de mecanismos estructurales que aborden el problema de manera integral.

Esto, en conjunto con movimientos organizados contra la violencia, despiertan un panorama que puede transformar el escenario.

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  • Fuentes

    1. (Koskela, 2007; Morrell, 1998).

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